Cambio de planes: con arcas del Central “a mano”, el Gobierno acepta pauta salarial más alta para apuntalar el consumo

El Ejecutivo tiene ahora mayor margen de maniobra para afrontar deudas, controlar al dólar y emitir pesos. En principio, apuntaba a que las negociaciones por salarios ronden el 18%. Pero el clima político cambió y ahora un 25% “no viene nada mal” para que no se enfríe la economía. Nuevo escenario

De a poco va quedando claro que el número clave de este año es 25.

Este es el porcentaje que aparece como el más probable para el aumento salarial durante 2012, de acuerdo con los analistas, empresarios y sindicalistas que están involucrados en las negociaciones por aumentos de sueldos.

Esto supone un cambio importante respecto del 18% que el Gobierno había dejado trascender, desde fines del año pasado, como una aspiración de incrementos para este año.

El punto de inflexión que hizo abandonar esta proyección fue la negociación con el gremio docente.

Era, como todos los años, una paritaria seguida con atención por empresarios y analistas, ya que el porcentaje que allí se acuerda suele ser tomado como referencia por el sector privado.

Y, por sobre todo, se aguardaba la “señal política” del Gobierno para ver qué tan firme sería su posición en cuanto a la necesidad de moderar las aspiraciones de incremento de ingresos, en un contexto económico un tanto más complicado.

Allí, luego de una negociación de inusitada dureza mostrada por el lado oficial, se llegó finalmente a mejoras que promediaron el 22% (compuesta por un reajuste básico a nivel país del 19% más otro pequeño porcentaje -que varía según las provincias- de entre 3 y 5 puntos adicionales).

Relajamiento en la meta oficial
“El año pasado la paritaria docente se había cerrado en 27% a nivel nacional y luego la mayoría de los gremios tomaron ese porcentaje como referencia para cerrar en un promedio de 28%“, destaca el economista Victor Beker, experto en temas salariales.

En su visión, “es factible pensar que en este 2012 veamos un aumento en las remuneraciones que se ubicará algunos puntos por encima del 22% promedio que obtendrá el gremio de los maestros”.

El experto recuerda, además, que el cierre de la paritaria docente está en línea con la inflaciónregistrada en 2011 y que también coincide con la que muchos economistas proyectan para este año.

La interpretación política sobre si estos números son altos o bajos puede variar mucho. Sin dudas, desde la vereda sindical la postura gubernamental es vista como inflexible, al punto que ha reforzado el argumento de que -a diferencia de otros años- esta vez los salarios pasaron a seruna de las variables incluidas en el inevitable ajuste.

Pero también es cierto que, en comparación con las expectativas de incrementos que se habían generado hace unos meses, la sensación actual es que el Gobierno ha relajado su estricta visión inicial y estaría mostrándose más dispuesto a aceptar incrementos un poco más elevados.

En definitiva, tal como señala el directivo de una empresa de alimentos líder en el país, “no se puede dejar de apuntalar al mercado interno, que es el que hace crecer la economía. Y para eso los sueldos no tienen que desinflarse demasiado”.

“Mi visión es que el Gobierno no va a ser tan rígido como se pensaba inicialmente y que todas las decisiones en estas las últimas semanas -desde el congelamiento en las subas de servicios públicos hasta la reforma del Banco Central- van en línea con una política más laxa“, señala Ernesto Kritz, director de la consultora SEL.

Para este analista, aquella pretensión inicial que Cristina Kirchner había insinuado, sobre“topear” los aumentos en aras de garantizar la actividad económica y la inversión, ahora quedará relativizada por la necesidad de inyectar nueva energía al consumo.

“La sensación es que hasta 25% es un promedio de suba salarial que el Gobierno podría aceptar sin temor a que se genere una excesiva presión inflacionaria. Por encima de eso, creo que tratará de intervenir”, observa Kritz.

En tanto, como comentan directivos del sector bancario, otro factor que indirectamente influye en el tema salarial es la reforma del Banco Central. La visión de ellos es que, al asegurarse el Gobierno una mayor capacidad de financiarse, ese margen de maniobra le permite relajarse un poco y pensar en apuntalar el mercado interno, en base a ajustes de salarios más arriba de su objetivo inicial del 18 por ciento.

Claro que ello no implica que pueda dar su aval a incrementos muy por encima de la inflación, porque hay otro limitante al cual el Ejecutivo le da mucha importancia: el índice de aumento de los salarios estatales determina luego el nivel de variación de las jubilaciones.

“Cuanto más elevadas sean las expectativas de inflación y más altos sean los incrementos conseguidos por los trabajadores, mayores serán los aumentos de los haberes jubilatorios y más perjudicado resultará el frente fiscal nacional”, observa Alejandro Caldarelli, director de la consultora Economía&Regiones.

En tanto, los empresarios nunca habían dado señales de tomarse realmente en serio la versión sobre el “famoso 18%”, a juzgar por los presupuestos sobre aumentos de la masa salarial para el año 2012.

“Ya desde finales del año pasado nuestra encuesta marcaba que la previsión de las compañías era en torno de 25%. Y una actualización que realizamos recientemente marca que esa cifra se ratifica“, señala Zoltan Rosenfeld, director de la consultora de recursos humanos Mercer.

El experto agrega que prácticamente no hay diferencia entre los porcentajes previstos para losaumentos al personal fuera de convenio y al sindicalizado, debido a la situación de “solapamiento salarial” que acható la pirámide de retribuciones y, en algunos casos, hizo que los supervisores perciban salarios iguales o mayores que sus subordinados.

Paritarias con dispersión
En cuanto a la “pata sindical”, también hay crecientes indicios de que los acuerdos cerrarán en torno a un 25 por ciento anual, dado que con expectativas inflacionarias en ascenso, losdirigentes gremiales consideran inaceptable la firma de acuerdos que impliquen una pérdida real del poder adquisitivo.

Por cierto que esta cifra hace alusión al promedio de los sectores, porque la dispersión de niveles de ingresos ocurrida en los últimos años determinó que haya gremios que quedaran retrasados frente a otros, cuyos ingresos se fortalecieron y mucho.

Entre los que se muestran más duros está el sindicato de empleados gastronómicos.

“En abril del año pasado firmamos por un 27%, que en ese momento parecía una locura y sin embargo sentimos que ya la inflación se comió la capacidad de compra”, grafica Dante Camaño, secretario general de los gastronómicos en Capital Federal.

Su pedido inicial fue de un 34%, aunque admite que están dispuestos a negociar un ajuste escalonado en etapas semestrales, y que la primera suba se limite a un 20 por ciento.

En el extremo opuesto se ubican los camioneros, uno de los “ganadores” del sistema de paritarias -logró un salario promedio $6.800, con casos que superan los $10.000- que, justamente por haber accedido a un mayor nivel de ingresos, no sólo  limita su presión sindical al porcentaje de aumento salarial sino también a la necesidad de que sus afiliados no sean alcanzados por el Impuesto a las Ganancias.

“Actualmente más del 80% del gremio está pagándolo, algo que consideramos injusto”, afirma Marcelo Aparicio, secretario gremial del sindicato camionero.

Negociando en un nuevo clima
A esta altura es claro que las negociaciones salariales de este año serán diferentes por una serie de factores políticos que entran en juego.

En primer lugar, porque encuentran a un Moyano distante del Gobierno a la hora de tener que fijar una pauta de referencia.

Es por ello que los analistas miran con extrema atención lo que vaya a pactar otro gremio clave: el de los metalúrgicos, cuyo líder Antonio Caló suena como un eventual remplazante del líder camionero en la jefatura de la CGT.

“Va a ser interesante ver qué ocurre en la paritaria de los metalúrgicos, porque probablemente allí el Gobierno intentará dar una señal al mercado. Si la cifra acordada finalmente se acerca más al 25% que al 20%, entonces se terminará confirmando la presunción que existe en estos días”, indica Kritz.

Su visión es que, por más que Caló sea un aliado del Gobierno y, en consecuencia, atienda al pedido de moderación salarial, tampoco contará con gran margen para desatender los reclamos de sus bases.

“Este es un año particular por el hecho de que se renovarán autoridades en la CGT y no me imagino que Caló pueda defender un pedido de aumento debajo del 25 por ciento”, agrega Kritz.

De momento, los hechos parecen darle la razón. José Barros, secretario adjunto de la seccional Avellaneda, una de las más grandes de la Unión Obrera Metalúrgica, afirma: “Nuestra expectativa siempre es recuperar algún punto por encima del proceso inflacionario. Y todos los economistas dicen que el panorama de este año es similar al de 2011 en materia de precios, lo cual da unpauta de por cuánto podemos llegar a firmar”.

El año pasado, esta rama de actividad había acordado un 26,5%, en un año con una inflación que se ubicó en torno al 25 por ciento. Las negociaciones empezaron hace 15 días, y la expectativa del sector es que los salarios de abril ya incluyan la mejora.

La otra gran señal política está dada por los gremios de empleados estatales, donde el sector mayoritario -que pertenece a la Unión de Personal Civil de la Nación (UPCN)- se muestra más proclive a aceptar un aumento moderado.

Los veedores estatales para controlar excesos
Lo que queda por verse es qué tan lejos está dispuesto a llegar el Gobierno en su intención deaceptar incrementos salariales mayores a los previstos inicialmente pero, a la vez, que los mismos no se “desmadren”.

Y en este punto entra a jugar una cuestión clave que, por ahora, parece haber quedado olvidada.

Y tiene que ver con la aparición en escena en este campo del viceministro de Economía, Axel Kicillof, y de la ministra de Industria, Débora Giorgi.

En efecto, cabe recordar que la Presidenta Cristina Kirchner había anunciado en febrero la conformación de un comité -una suerte de “veedor estatal”– encargado de revisar los acuerdospara determinar si éstos estaban en línea con la productividad de cada sector.

En ese momento, el anuncio fue interpretado como un mensaje a los empresarios, en el sentido de que no deberían firmar porcentajes de mejora que luego les implicara dificultades para sostener los niveles de inversión o que los obligara trasladar los mayores costos a precios.

Por lo pronto, y habiendo cambiado el escenario económico desde aquel entonces, los expertos creen este comité sólo actuará en aquellos casos en los que los aumentos se alejen demasiadode lo que el Ejecutivo considere aceptable.

“Cambió el clima político desde el momento en que Cristina Kirchner hizo ese anuncio. Ahora elGobierno está más preocupado y enfocado en que no caiga el consumo y por eso creo que se van a limitar a observar las paritarias que superen el 25 por ciento”, analiza Kritz.

En la misma línea opina Beker, para quien “sería una tarea titánica analizar los niveles deproductividad de cientos de ramas de actividad que negocian paritarias”.

Al igual que Kritz, cree que el ojo estatal sólo se enfocará en “mirar con mayor atención losacuerdos que considere que se van de la pauta”.

¿Tendrá éxito el Gobierno en mantener un “sano equilibrio” entre aceptar una pauta salarial unos puntos por encima de la original pero sin que se caiga en el exceso?

Juega en su contra el clima político y su enemistad con Moyano, aunque también tiene algunos puntos a favor.

Por un lado, la postergación del “sinceramiento” en los servicios públicos sacará de la mesa uno de los argumentos más fuertes que traían los sindicatos.

Pero, como dice Beker: “La razón más fuerte por la que no van a poder verse cifras de incrementos remunerativos como las del año pasado es que la economía ya está dando señales fuertes de enfriamiento y, ante esa realidad, la prioridad empieza a ser la de conservar los puestos de trabajo antes que lograr grandes aumentos”.

Fuente: Iprofesional