Los planetas se alinean y el mundo vuelve a jugar a favor de Argentina: ¿Anticipo de que la fiesta continúa?

Quienes irónicamente dicen que “Dios es Argentino” encuentran argumentos para sostener tal afirmación, al menos por lo que se ve en el plano global. Se temía la llegada de una tormenta perfecta. Ahora, sopla un leve viento de cola que, paradójicamente, deja en evidencia las grietas del modelo planetas se alinean y el mundo vuelve a jugar a favor de Argentina: ¿Anticipo de que la fiesta continúa?

Pocas cosas enojan tanto a Cristina Kirchner como que le digan que ha tenido suerte.

suele reaccionar con irritación ante el argumento de que la Argentina ha disfrutado de un“viento de cola”, de tal forma que el crecimiento económico a tasas chinas no habría sido posible si no fuera por el favorable contexto internacional.

En consecuencia, una de las consignas a la hora de elaborar el “relato” oficial es remarcar lasdificultades externas que ha tenido que enfrentar el país, como el episodio de la crisis financiera global ocurrido a fines de 2008 y, sin ir tan lejos, el que en estos últimos meses tiene a mal traer a la zona Euro.

El haber contado con un “modelo” capaz de hacer frente a estos escenarios negativos es, precisamente, uno de los orgullos recurrentemente mencionados en los discursos presidenciales, como ocurrió, por caso, en su extenso mensaje ante el Congreso.

Pero no sólo eso, sino que la existencia de un mundo “hostil” constituye, además, lajustificación casi perfecta para avanzar en esta etapa de “sintonía fina”, caracterizada por un fuerte intervencionismo económico, el cierre importador y las múltiples medidas derestricciones y controles.

Por raro que parezca, este tema era uno de los pocos en los que parecían coincidir tanto los defensores del “modelo K” como los críticos más acérrimos: en 2012, el contexto global no sólo que no iba a traer vientos de cola sino que, además, daría lugar a una “tormenta perfecta”, sumamente amenazante para la Argentina.

Un par de meses atrás, el listado de malas noticias metía miedo, e incluía entre sus principales puntos:

  • Pánico financiero ante el tembladeral de la zona Euro, que hacía huir los capitales desde los mercados emergentes hacia los activos refugio.
  • Devaluación de monedas de países vecinos que comercian con la Argentina, agravando así los problemas locales de competitividad e inyectando más presión sobre el tipo de cambio.
  • Estancamiento del principal socio, Brasil, con pronósticos poco alentadores, que hacían presagiar un “efecto contagio” para las ventas locales a ese destino.
  • Las “penurias” de un dólar más fuerte y de una economía mundial menos demandante.
  • Brusca caída en el precio de la soja, con valores que metían miedo, por debajo de los u$s400, luego de haber alcanzado un pico de u$s530 el año pasado.
  • El impacto de una acuciante sequía, con proyecciones que vaticinaban pérdidas del orden de los u$s6.500 millones en relación a 2011.

Pero, para alegría del país, y el bolsillo de los argentinos, esa “tormenta perfecta” que se acercaba amenazante da muestras de estar alejándose y, en cambio, un “rayito de sol” ha comenzado a asomar nuevamente por estas tierras.

Brisas de cola
Son varios los analistas que coinciden en señalar que ya directamente no puede seguir hablándose de las malas noticias externas para justificar los problemas del modelo.

Al respecto, el economista Tomás Bulat ironizaba sobre cuál era el motivo de fondo que llevaba a implementar la “sintonía fina”.

“¿Será por la crisis internacional que se mantiene la soja por encima de los u$s450 la tonelada, o por el oro en los 1.700 la onza troy? ¿O será por la economía de Brasil que ahora es lasexta más grande del mundo, cuando hace sólo tres años era la novena? ¿O por las tasas de interés internacionales, que están en su nivel más bajo de la historia y, para colmo, piensan seguir así dos años más?”, se preguntaba el analista.

Y los hechos están confirmando tal visión que relativiza la gravedad de la crisis global.

Hoy, con mejores datos de Estados Unidos (donde repuntaron las cifras de empleo) y de Europa (donde se avanza en el rescate financiero a los países endeudados), el pánico financiero se disipó y los capitales volvieron a la región.

En consecuencia, las monedas de los países vecinos, empezando por el real brasileño, comenzaron a fortalecerse (encareciendo los productos que fabrican), dándole aire al gobierno argentino, que puede así volver a su estrategia de “devaluar sin devaluar”.

Más impresionante aun es la recuperación de la soja, que volvió a romper la marca de los u$s500 y, según los pronósticos, promediará en el año los u$s515 por tonelada. Es decir, un significativo 20% por encima del nivel que se esperaba hace apenas dos meses.

Para completar el súbito cambio de panorama, las lluvias cayeron en forma abundante en toda la pampa húmeda, obligando a revisar aquellos sombríos pronósticos sobre una cosecha mediocre.

Un análisis de la Fundación Mediterránea concluye que, con la nueva situación, el impacto de la sequía será de u$s1.500 millones, una suma relativamente menor si se considera que en enerose esperaba una cifra cuatro veces mayor.

Así, los pronósticos de varios analistas comienzan a evidenciar más signos de optimismo que de preocupación: “Liquidez global, liquidez local y lluvias”, dice el influyente economista Miguel Bein, dando un resumen de la situación.

En tanto, con la frase “vuelve a soplar el viento de cola”, el consultor Federico Muñoz alega que el Gobierno argentino “tiene una deuda de gratitud” con el Banco Central Europeo.

Su visión es que, con la nueva política de inyectar liquidez como forma de morigerar el enfriamiento económico, los funcionarios del Viejo Continente provocaron un efecto contagioa nivel internacional que llegó hasta la Argentina.

Por su parte, el Instituto de Estudios Económicos del Banco Ciudad, dirigido por Luciano Laspina, define la situación del mercado financiero local como “un mar de liquidez”.

Además, adelanta que desde el mes próximo el ingreso de dólares proveniente de la cosecha gruesa facilitará al Banco Central su capacidad para controlar la cotización del billete verde y las tasas de interés.

También, ha llamado la atención de los analistas la situación de Brasil, donde los industriales han vuelto incluso a quejarse por la revaluación de la moneda local, lo que ha obligado al Gobierno a recurrir a nuevas medidas para impedir que el ingreso de capitales profundice esa situación.

Es decir, un panorama perfectamente inverso al del mercado financiero argentino.

El gobierno de Dilma Rousseff “ha sido enérgico tomando medidas para que el real no se siga apreciando, interviniendo en el mercado de cambios y anunciando la extensión del impuesto a las operaciones financieras colocadas a menos de tres años, para desestimular la entrada de capitales de corto plazo”, señala el Ieral, instituto dirigido por Jorge Vasconcelos.

Y destaca que, con las nuevas medidas de estímulo a la economía brasileña, la recuperación, que ya se había insinuado en el último trimestre del año pasado, podría cobrar fuerza para todo el 2012.

¿Alcanza el mejor clima?
En este contexto, algunos expertos desestiman un escenario recesivo para la economía argentina. En el caso de Bein, la proyección es de un crecimiento del 3,5 por ciento.

“Durante la mitad del 2011 la economía creció, según nuestras estadísticas en torno al 7%, más de lo que muestran los indicadores anticipados de actividad para los primeros meses de este año, que todavía acusan el freno evidenciado en el último trimestre del período anterior”, describe el economista.

El gran interrogante que surge ahora es si, con este cambio de contexto, se puede empezar a festejar y si la economía argentina tiene allanado el camino para seguir su festival consumista.

Y todo indica que la respuesta es ampliamente negativa. Por lo pronto, pareciera que el país está más expuesto a sus “asuntos internos” que a las mayores complicaciones que puedan venir desde afuera.

Al respecto, Mariano Lamothe, economista jefe de la consultora Abeceb, destaca que si bien el panorama es menos grave de lo que parecía a nivel global, la situación económica local se está deteriorando a tal ritmo que se necesitaría una soja bien por encima de los u$s500 como para devolver la holgura perdida.

“La nueva situación internacional permite salir de un escenario de emergencia y hasta puede haber una recomposición de las reservas del Banco Central. Pero, de ahí a pensar que los problemas se podrán resolver, hay una distancia grande“, afirma el economista.

Y pone el dedo en la llaga al señalar que el nuevo atractivo financiero de la región no será suficiente como para contrarrestar los errores de política económica.

“Lo que queda en evidencia es que a la Argentina la afectan las auto restricciones que se han ido sumando. No tenemos una moneda creíble y es por eso que los capitales entran a Brasil y acá no”, argumenta Lamothe.

Esa paradoja es destacada también por el economista Carlos Melconian, para quien es “insólito”el hecho de que se tengan que aplicar controles de cambio en un contexto en el que todos los vecinos reciben dólares.

“En otras épocas, como en los años ’80, la restricción a la compra de billetes no era algo descabellado, porque existía en Brasil, en México, en Chile, en Colombia. Ahora no es así, la tasa de interés vale cero, y es una vergüenza que en ese contexto el país termine en un control de cambios”, argumenta.

Por su parte, Bein se pregunta cuáles son los problemas de índole local que pueden empañar esta nueva “brisa” de cola para la economía argentina.

En primer término, señala la dificultad para mantener el equilibrio entre la suba del dólar, inflación y tasas de interés.

En segunda instancia, de que el afán por controlar la salida de divisas termine afectando la producción de bienes, al no poder importar los insumos necesarios.

“¿Cuánto tiempo puede funcionar una economía en la que está limitada la salida de dólares y, por ende, no haya ningún estímulo para que entren capitales?“, se pregunta Bein.

Además, destaca la existencia de “cuellos de botella autoinflingidos”, tal como sucede con la energía.

Más pesimista aun, Muñoz indica que, a pesar del mejor panorama global, no se podrá evitar el“daño colateral” de las medidas intervencionistas.

“Con más del 80% del total de importaciones conformada por bienes intermedios, de capital y combustibles, las trabas generalizadas a las compras del exterior inevitablementeentorpecerán los procesos productivos“, observa Muñoz.

En ese contexto pesimista, el único que ve buenos augurios es el Gobierno. Así lo dejó en claro Hernán Lorenzino, quien en un foro de ministros de Economía de la región, afirmó: “Lasvisiones apocalípticas que hasta hace poco auguraban una caída de nuestros productos a niveles extraordinariamente malos no se cumplieron, más bien todo lo contrario”.

Lo cierto es que, créase o no, el país vuelve a recibir un viento de cola que, por cierto, no es huracanado, pero que empuja en la dirección correcta.

La mala noticia es que esta situación deja al desnudo los problemas propios del “modelo” que ahora ya no pueden ser atribuidos a un mundo poco amigable.

Fuente: Iprofesional