Los bancos tienen más dinero para prestar y los argentinos mantienen su consumo a puro crédito

Las restricciones a la compra de dólares permitieron un aumento en el volumen de plazos fijos. Así, las entidades cuentan con más “materia prima” para prestar y el mercado de créditos no se detiene. Sin embargo, los analistas advierten que el escenario actual es inestable y de corta duración. Causas

Si hubo crisis en los créditos al consumo -luego de la mini-corrida bancaria de fin de año- podría decirse que fue la más breve de la historia reciente.

Tal es así que muchos comerciantes ni siquiera la sintieron porque, además, coincidió con la temporada de ventas navideñas y el posterior movimiento turístico.

De manera que las fuertes subas en las tasas de interés -que en cualquier otro país habrían ocasionado un considerable sacudón- en el mercado local no lograron opacar el ánimo consumista.

Las cifras dan cuenta de ello. En diciembre, los saldos financiados por los bancos mediante tarjetas de crédito se incrementaron en $3.900 millones. Y en enero se mantuvieron estables.

Cuando se comparan respecto a los de un año atrás, la masa de dinero prestada actualmente por las entidades resulta ser un 47% más elevada. Vale decir que más que duplicaron al incremento en los precios de los productos.

Esto, a pesar de que tomar deuda no es para nada barato. ¿Cuál es el costo que se maneja hoyen el mercado? Según datos aportados por la consultora Finsoport, las tasas de interés anuales para el financiamiento con tarjeta rondan el 40 por ciento.

“Aunque existió un incremento en los recargos por pago en cuotas, no hemos notado una caída en el volumen. Incluso hubo en el mercado mucha venta a crédito en esta temporada turística”, señala Alejandro Camera, director de una de las agencias turísticas de American Express.

En la misma línea, Federico González Iturbe, gerente general de Compumundo, indica que el protagonismo del crédito en su mix de ventas no se ha visto afectado en absoluto. Y señala que la cadena mantiene su previsión de un 20% de aumento en facturación.

Donde sí se notó cierta ralentización fue en los préstamos personales, en los que el incremento de tasas fue más pronunciado (en promedio, 8 puntos porcentuales en apenas dos meses).

No obstante, la expectativa del mercado es que se recupere la dinámica previa.

¿Por qué? Básicamente porque los bancos -al haberse reducido en el país la dolarización- ya no necesitan pagarle tanto a los ahorristas para que éstos mantengan sus plazos fijos. Entonces -como les disminuyó ese costo de captación- también estarán en condiciones de prestar más barato.

Esto, sin mencionar la presión que ejerce el oficialismo para que bajen las tasas (y así se favorezca el consumo interno), “asustándolos” con darle curso al proyecto de ley de entidades financieras.

¿A qué apunta esa iniciativa? A que el Gobierno pueda regular las tasas de interés, al pasar a considerar como “servicio público” la actividad bancaria (ver nota: Tras juntar 1 millón de firmas, buscan acelerar el proyecto de reforma de la Ley de Entidades Financieras).

¿Hay que festejar?
Lo cierto es que el optimismo aún sigue midiendo alto entre los comerciantes que venden a crédito.

¿Debe interpretarse esto como una demostración de que los analistas estaban equivocados al pronosticar un enfriamiento? ¿O que el Gobierno está en lo cierto cuando afirma que el consumo se mantendrá en elevados niveles?

No tan rápido. Porque los economistas advierten que el boom actual es “forzado” y de corta duración.

Algo así como un efecto residual del “cepo” al dólar y del cierre importador.

“Lo que hizo el Ejecutivo con sus medidas fue encarecer el costo de fugar capitales. Entonces losargentinos recurren a los plazos fijos”, argumenta Gabriel Caamaño Gómez, economista jefe de Consultora Ledesma.

A esto se suman las restricciones a girar dividendos al exterior que impone a las empresas o la demora en el pago de importaciones.

Caamaño Gómez agrega: “Todas estos factores producen un incremento de dinero en los bancos. Pero no porque haya más plata ahora que antes, sino por el cierre gradual de la economía”.

Desde su punto de vista, la mayor propensión del público para mantener -o incrementar- sus colocaciones bancarias no debe confundirse con una recuperación de la estabilidad.

Esto es así porque el problema de fondo -que es que el billete verde sigue atrasándose peligrosamente frente a la inflación- no sólo subsiste sino que empeora.

De modo tal que, según Caamaño, el Gobierno sólo encontró la forma de “ganar un poco más de tiempo”.

Bancos cautelosos
El punto que señalan varios analistas para fundamentar su escepticismo es la situación de los bancos.

Ocurre que, si bien los números muestran un regreso del dinero a las entidades, se advierte que esto se da en medio de un entorno más inestable. Conscientes de ello, se muestran conmayor cautela a la hora de soltar el dinero.

“Se tiene que consolidar un escenario de mayor tranquilidad para dejar definitivamente atrás el shock de fines del año pasado. Es una condición necesaria par que los bancos vuelvan a ser más agresivos con las carteras de crédito”, enfatiza Claudio Caprarulo, economista de la consultora Analytica.

Y la visión que predomina entre analistas privados es que -a pesar de la calma lograda por la mano dura oficial impuesta sobre el mercado de cambios- es difícil que las tasas de interés vuelvan asus niveles anteriores.

“Es un clásico de los ajustes por shock: las tasas suben y después el Gobierno toma medidas para recomponer la tranquilidad. Pero ya nunca vuelven al nivel previo. Es probable que se estabilicen en tres puntos por encima de los valores pre-crisis”, comenta Caamaño.

Hay, además una situación de fondo que permanece invariable: por más que el volumen de los plazos fijos se haya incrementado sigue existiendo un fuerte “descalce” entre el ritmo al que los bancos reciben dinero y al que lo prestan.

Escenario inestable
A enero pasado, las cifras marcaban que los primeros venían creciendo a un 37% anual, mientras que los segundos a un 46 por ciento.

“Se irá haciendo cada vez más difícil mantener el mismo ritmo de créditos cuando los depósitos corren por debajo. Es verdad que había un gran colchón de liquidez, pero en algún momento se termina. Los bancos no pueden prestar lo que no tienen”, señala un ejecutivo de una de las mayores entidades financieras de capital extranjero.

Y agrega que, en su compañía, la previsión es que la cantidad de tarjetas emitidas siga en aumento, aunque el gasto per capita sea más moderado.

En definitiva, lo que estiman los analistas es que la financiación para el consumo seguirá disponible, pero que empezará a notarse una ralentización, que se hará evidente en la menor propuesta de promociones para comprar con descuento vía tarjetas de crédito.

Mirando al dólar de reojo
Una cuestión clave, coinciden en señalar los expertos, es seguir de cerca el comportamiento de los particulares y ahorristas que son quienes, en definitiva, decidirán a qué ritmo girará la rueda del financiamiento del consumo.

Y ahí es donde están centradas las mayores dudas respecto del mediano plazo. Es que nadie se anima todavía a cantar victoria por el regreso de los depositantes a los plazos fijos de modo permanente.

Ya cuando se implantaron las restricciones a la compra de dólares, varios analistas advertían que un típico costo a mediano plazo de este tipo de medidas es el de una lesión en la confianza.

“El riesgo es que todo esto sea una regresión ochentista, que arranca con este control de cambios pero que no se sabe cómo afectará al sistema financiero, a la tasa de interés y alahorro”, señalaba, tras la implantación del cepo cambiario, Carlos Melconian, titular de la consultora M&S.

Su advertencia era que lo que podía cambiar de forma irreversible era el ahorro en pesos. Y, tres meses después, en medio de una aparente calma, el mercado parece convalidar aquel pronóstico.

El punto que todos señalan es que este nuevo equilibrio es muy inestable, porque depende de las expectativas de suba del dólar que tienen los argentinos, que pueden cambiar ante bruscas alteraciones del contexto interno o externo.

“El equilibrio en el mercado de divisas es frágil. Y si las expectativas de devaluación se gatillan, la incertidumbre cambiaria impactará sobre la dinámica del crédito”, afirma Rodrigo Alvarez, de Ecolatina.

Y agrega que un punto crucial será que las tasas que pagan los bancos a los depositantes se ubiquen por encima de la expectativa de devaluación.

Caso contrario, “los incentivos a canalizar ahorro hacia el dólar irán en aumento, ya sea a través del mercado oficial o del paralelo”.

¿Hay riesgo de que una situación así ocurra hoy? La mayoría cree que no, pero no pone las manos en el fuego por lo que pueda pasar en la segunda mitad del año.

“Tanto por medidas que ha tomado el Gobierno como por la mayor demanda de depósitos no parecería que la situación fuese a cambiar en el corto plazo. De todas formas, la tendencia sigue siendo a la baja, después del shock del año pasado”, apunta Caprarulo, de Analytica.

En tanto, Andrés Méndez, director de la consultora AMF, observa: “La gran incógnita es cómo reaccionará el mercado en el segundo semestre, que es el momento en el que afloja la oferta de dólares. Y ahí se va a requerir una tasa de interés atinada. No puede repetirse aquel nivel ridículamente bajo del año pasado que llevó a la gente a pasarse masivamente al dólar”.

Consumidores endeudados
Mientras el mediano plazo se presenta como grandes signos de interrogación en cuanto al sostenimiento de los actuales niveles consumo, los comerciantes por ahora no lucen preocupados, en cuanto a disponibilidad del crédito.

Pero existe, sin embargo, otro tipo de amenaza en el horizonte, que no tiene que ver precisamente con la oferta sino con la demanda.

Es decir, con el ajuste que hagan los argentinos en sus presupuestos y qué tan propensos estarán a endeudarse.

Al respecto, Ecolatina calcula que la exposición al financiamiento es la más alta en una década: “Mientras que a finales de 2010 se requerían de 3,4 salarios anuales para cubrir el crédito total al sector privado, en diciembre esa cifra alcanzó el máximo desde la salida de la convertibilidad:4,45 salarios”.

En ese contexto, la postura que ha defendido últimamente el Gobierno en el sentido de moderar los incrementos de sueldos, como parte de su programa de estabilización, puede contribuir también a que la predisposición a tomar créditos baje sus decibeles.

Desde Ecolatina concluyen que, por más que el corto plazo luzca bien, no hay que apresurarse a festejar: “La combinación de un menor crecimiento de los ingresos y el aumento del peso de la deuda de las familias le quitará parte de dinamismo a la demanda del crédito”.

Fuente: Iprofesional