Contra todos los pronóstico​s, el salario real puede volver a crecer y el boom de consumo, mantenerse

Enfriamiento de la economía. Sequía. Crisis global. Suba de tarifas. Un cóctel demasiado peligroso para enfrentar el 2012. Sin embargo, y pese a todo, hay razones para pensar que el bolsillo no se resentirá demasiado y que los comercios mantendrán sus ventas en buenos niveles ¿Por qué?

"Siga, siga": contra todos los pronóstico​s, el salario real puede volver a crecer y el boom de consumo, mantenerse

En el plano económico, el arranque de este 2012 no se caracteriza, precisamente, por haber traído consigo buenas noticias.

Por el contrario, los temas dominantes resultan ser las cuantiosas pérdidas por la sequía, la profundización de la mala situación internacional, los numerosos sectores de la industria y del campo que buscan atajarse del enfriamiento de la actividad económica y -como si esto fuese poco- un mayor intervencionismo estatal en casas de cambio, empresas y tiendas de retail.

Mayor incertidumbre local, sequíaconflictividadcrisis mundial… En cualquier otro país la sola mención de estos factores serían motivos más que sobrados para pensar que los salarios se verán afectados en cuanto a su capacidad real de compra.

Pero la Argentina es distinta y, como suele suceder, marca la diferencia.

Aunque resulte paradójico, hay altas probabilidades de que -una vez más y contra todos los pronósticos- en este año se dé un crecimiento real de los sueldos y los argentinos puedan “seguir de shopping”.

La razón es sencilla: las subas salariales serán mayores a las originalmente previstas, mientras que la inflación parece estabilizarse en un nivel menor al que se suponía.

En buen romance, con una suba de precios en torno del 20% y aumentos salariales que se prevén rondarán el 25%, el poder adquisitivo mejorará “unos puntitos”, en términos reales.

Por lo pronto, sin competencia importada y con salarios creciendo en esos niveles, otra vez habrá margen para que -tal como le gusta decir a la Presidenta- la demanda internasiga siendo el motor del “Made in Argentina”.

Nada cambió, ¿algo cambió?
La idea de que los salarios crezcan a tasas altas nunca estuvo mal vista por el Gobierno.

Sin embargo -a diferencia de lo ocurrido en los últimos años- esta vez el Ejecutivo no se muestra tan entusiasmado con la idea de que se pacten, como en otras épocas, incrementos muy por encima de la inflación, que llegaron a ser de hasta un 35 por ciento.

Prueba de ello fue el pedido de moderación y el llamado a la “prudencia y responsabilidad” a empresarios y sindicalistas. Incluso, la cifra que entusiasmaba al oficialismo era la de un alza del orden del 18% al 20%.

Por ello es que hasta hace pocas semanas se había generalizado entre los analistas una sensación de que en 2012 no habría margen para una suba del poder adquisitivo de los salarios. Sin embargo, en estos últimos días la percepción cambió. 

¿Qué es lo que hace pensar que éstos crecerán en términos reales?

En principio se combinan dos cuestiones:

  • Por un lado -lejos de la moderación pretendida- los principales líderes gremiales ya manifestaron su decisión de ir por un 25% de aumento.
  • Por otro, porque se dio un cambio favorable en relación a cuánto aumentarán los precios de los bienes y servicios. Se conocieron mediciones privadas que marcan un cierre del 2011 con una inflación menor a la prevista y, además, las proyecciones para 2012 también se moderaron.

El índice que elabora la ex directora del Indec, Graciela Bevacqua -uno de los más seguidos por los analistas- cerró el año anterior con un 21,7%, bastante por debajo del 30% que muchos vaticinaban en el arranque de 2011.

Para 2012, consultoras como Econométrica y el Ieral, de Fundación Mediterránea -basándose en estas mediciones- están proyectando una inflación del 20% y no mucho más.

“Creemos que, en el balance, prevalecerán las fuerzas desinflacionarias, especialmente por el impacto del enfriamiento sensible que presagiamos para la economía”, señala el consultor Federico Muñoz, uno de los que cree que la suba de precios ni siquiera llegará al 20 por ciento.

En tanto, Luciano Laspina, del Banco Ciudad, califica como “plenamente factible” una suba de precios también cercana a esa cifra, con un dólar que repuntará apenas un 12%. Y justifica el pronóstico en el nuevo ritmo de emisión de dinero por parte del Banco Central.

De modo tal que la combinación de estos factores hace que los salarios tengan altas chances de mejorar en términos reales, entre tres y cinco puntos a lo largo de este nuevo capítulo.

Y, si a esto se suma que:

  • El nivel de confianza (aunque decayó un poco) sigue aún muy arriba en buena parte de la sociedad.
  • Que no hay grandes temores en cuanto a pérdida de empleos.
  • Y que el cortoplacismo sigue imponiéndose en las decisiones de compra, con créditos hipotecarios muy alejados de la clase media…

Todo indica que están dadas las condiciones para que el “disfrute ya” continúe, aun con el impacto que significa el tener que pagar más por la luz, el gas y el transporte.

Por lo pronto, tal como diera cuenta iProfesional.com, las empresas tienen previsto otorgar un 25% de aumento, tanto para el personal sindicalizado como para el que está fuera de convenio. La cifra superaría en al menos cinco puntos la inflación proyectada.

Salarios: adiós al 18%
A esta altura ya es bastante claro para todos los protagonistas que aquel 18% que el Gobierno había dejado trascender como meta de suba salarial es prácticamente imposible de llevar a la práctica.

Los dirigentes sindicales, ahora en una situación menos amigable con el Ejecutivo, tienen motivos de sobra para tensar la negociación. Y cuentan con un poderoso argumento a su favor, que es el incremento de los servicios públicos.

Los expertos creen que, en el actual contexto político, resultará muy difícil que el Ejecutivo pueda poner paños fríos a las paritarias y lograr un acuerdo social para moderar las subas.

“Tengo mis dudas de que los salarios aumenten 20% en promedio, cuando el año pasado estuvieron cerca del 30%. Es más complicado“, sostiene Ernesto Kritz, director de la consultora SEL.

Por lo pronto las empresas -a pesar de su situación de baja rentabilidad- ya tienen asumido que los ajustes de su presupuesto de remuneraciones estarán bien por encima de lo que había insinuado el Gobierno.

La encuesta de Kritz realizada entre más de un centenar de compañías representativas de las principales ramas de actividad, en coincidencia con lo adelantado por iProfesional.com, marca que la mayoría de los empleadores prevé otorgar subas del 25% en promedio.

El consumo “no se mancha”
En definitiva, con una inflación que se proyecta cercana a un 20% y aumentos salariales que puedan estar entre el 23% y 25%, este volverá a ser un año con suba real del poder adquisitivo.

¿Implicará esto que seguirá recalentándose el consumo? ¿O será que los argentinos retraerán su propensión a gastar, atentos a lo que pueda deparar un futuro incierto?

A juzgar por las encuestas de opinión pública, parece que hay altas probabilidades de que loscomerciantes sigan teniendo motivos para festejar.

Claro está, no por la suba de costos que deberán afrontar, pero si porque -al menos- no se registrará un enfriamiento de magnitud en la caja de sus comercios.

Al respecto, la última encuesta de la Universidad Católica sobre expectativas económicas ratifica que, aun con los controles cambiarios, el aumento de la conflictividad y las malas noticias sobre la situación internacional, los argentinos siguen convencidos de dos cosas fundamentales:

1. Que sus ingresos se mantendrán o aumentarán en los próximos meses.

2. Que la probabilidad de perder el empleo sigue siendo baja.

En relación al primer punto, casi uno de cada tres encuestados asegura que su poder adquisitivo aumentará en el próximo semestre, mientras que un 56% cree que se mantendrá igual.

En relación al segundo ítem, sólo un 30% percibe escasez de puestos de trabajo, un nivel relativamente bajo si se lo compara con el registrado durante la recesión de 2009, cuando ese porcentaje ascendía a más del doble.

Los expertos afirman que ambos indicadores pesan más que otras variables, como la inflación o el tipo de cambio, a la hora de medir su predisposición a la compra de bienes durables.

En definitiva, el índice sigue bien por encima del anterior pico de “optimismo consumista” que se había registrado a comienzos de 2007.

¿Y la suba de tarifas?
En este contexto, el único factor que aparece como una amenaza para el consumo es elaumento de los servicios públicos que comenzará a hacerse efectivo en las próximas semanas.

Pero este incremento (que los expertos calculan en torno a los $500 mensuales en un presupuesto familiar acorde a un salario promedio) puede verse neutralizado con relativa facilidad por los incrementos salariales por encima de la inflación.

En el caso de un hogar de clase media con dos ingresos de $5.000, un aumento de 25% supondría un “plus” mensual de unos $2.500, que permite lidiar con la suba general de precios y atenuar el alza de los servicios públicos.

En cuanto a los hogares de menores ingresos, serán quienes menos sientan el efecto delrecorte de subsidios, ya que el Gobierno no los aplicará para los trabajadores del sector informal, que representa al 30% de la población activa.

¿Sigue el boom?
Las subas salariales por encima de la inflación proyectada ayudan a justificar el optimismo de los comerciantes que, invariablemente, se muestran confiados en no sólo en poder repetir la performance del año pasado, sino en continuar en la senda del crecimiento.

Una prueba de ello lo da un sector “testigo”, como lo es el automotriz, que confía ensuperar en 2012 el récord de ventas de 850.000 vehículos alcanzado en 2011.

También los fabricantes de electrodomésticos y de equipamiento tecnológico, comocomputadoras y celulares.

Si hasta el encarecimiento del crédito, que se presentaba como el principal escollo a vencer este año, parece estar atenuándose, con un incipiente movimiento a la baja en las tasas de interés.

Esto es así porque al haberse reducido la fuga al dólar (por el cepo cambiario) no necesitan ahora pagar tasas tan altas para evitar en drenaje de sus plazos fijos al billete verde y, en consecuencia, también pueden prestar más barato.

La contracara
Sigue en pie, claro, el debate sobre cuán sostenible resulta esta política. Y ahí, el gremio de los economistas muestra un consenso: tarde o temprano, los problemas se harán sentir.

Y es que no resulta difícil de entender cuál es la contracara de seguir incrementando salarios sistemáticamente por encima de las variables claves de la economía, como la inflación, la devaluación y la productividad:

  • El encarecimiento del país en dólares, que obliga al Gobierno a cerrar sus fronteras frente a lo importado y lo expone a mayores roces comerciales.
  • La pérdida de competitividad, que hace que cada vez se torne más difícil colocar productos con valor agregado en otros países.
  • La caída en los márgenes de rentabilidad empresaria por unidad de producto, que ya es motivo de sobrada preocupación principalmente en empresas chicas y medianas.
  • La cada vez mayor dependencia de la “bendita soja”.

Al respecto, un informe de Ieral, de la Fundación Mediterránea, advierte que, aun cuando los precios del mercado agrícola ayuden a la Argentina, un consumo exacerbado terminará de la misma manera en que lo hizo históricamente: con una escasez de dólares.

Y hace esta contundente afirmación: “En un contexto en el que los salarios, planes sociales y jubilaciones aumentan todos los años a tasas superiores al incremento de la productividad, para que tal situación no derive en una crisis del sector externo se requiere que los precios de nuestras exportaciones no solamente sean altos, sino que además aumenten todos los años“.

Fuente: Iprofesional