DE CARA A LAS URNAS, LA CRISIS MUNDIAL LEGITIMA EL “MODELO K” Y EL GOBIERNO SACA RÉDITO DE LA “RECETA ARGENTINA”

A días de las elecciones, el Ejecutivo encuentra que el actual contexto le permite ganar su “batalla cultural” y dejar a la oposición paralizada en su discurso. Decisiones que analistas tildaban de erradas se convirtieron en virtudes ¿Suerte o habilidad para transformar críticas en elogios?

Acertijo político. Identifique a un personaje cuya forma de interpretar la realidad económica responde a los siguientes lineamientos:

  • No deja pasar la oportunidad de reafirmar su convicción de que, en tiempos complicados, lo peor que se puede hacer es enfriar la economía. Por eso, fustiga a quienes machacan con la necesidad de hacer un ajuste y se irrita con los partidos de la oposición, que van en contra de su tendencia económica intervencionista.
  • Lejos de moderarse ante las críticas, defiende la fuerte expansión de dinero, el rol protagónico del consumo interno y la política de bajas tasas de interés.
  • No se ruboriza al asumir posturas radicalmente opuestas al liberalismo, como cuando plantea que por cada auto que el país les compra a sus socios, debe también venderles uno.
  • Una de sus convicciones es que el Gobierno debe agotar las herramientas que tiene a su alcance para combatir la desocupación, aunque ello implique recurrir a los fondos del Estado para crear planes de empleo.
  • Entre los blancos preferidos de sus críticas se destacan las calificadoras de riesgo, que castigan a los títulos de deuda soberana.

¿Quién es? ¿Cristina Kirchner?

Respuesta equivocada: se trata de Barack Obama.

Es que en sus recientes apariciones públicas, y en sus acaloradas discusiones con el Tea Party, el presidente estadounidense ha realizado declaraciones que bien merecerían el aplauso más entusiasta de los propios funcionarios kirchneristas.

Como esta elocuente frase pronunciada ante el Congreso: “Si los estadounidenses pueden comprar autos Kia y Hyundai, quiero ver a la gente de Corea del Sur manejando Ford, Chevy y Chrysler. Quiero ver más productos vendidos en todo el mundo, estampados con estas tres orgullosas palabras: ‘Made in USA'”.

Cuando el líder de la nación más poderosa realiza afirmaciones como estas, tan afines a las viejas concepciones mercantilistas -y tan alejadas del liberalismo clásico– no hace otra cosa que dejar “servidos en bandeja” los argumentos necesarios para que muchos oficialistas, en el plano local, puedan afirmar que la Argentina no va “a contramano del mundo”, tal como buena parte de varios analistas sostienen.

Sucede que en este marco de crisis mundial, muchas de las ideas económicas, de las llamadas no convencionales (heterodoxas), tales como:

  • Abaratar el financiamiento a particulares y empresas.
  • Dotar de liquidez al sistema financiero.
  • O que el Estado tenga un mayor protagonismo en la actividad económica

han cobrado un auge inusitado en el debate internacional.

“En este marco, las ideas económicas heterodoxas pregonadas por el kirchnerismo gozan ahora de un mayor espacio. Algunos economistas del mundo desarrollado y también los diarios han elogiado el modelo de recuperación económica de la Argentina“, afirma el politólogo Rosendo Fraga, director de la consultora Nueva Mayoría.

Un relato de alto rating
Desde el punto de vista del “timing” electoral argentino, estas palabras de Obama no podían haber ocurrido en mejor momento.

Pocos días antes, Cristina había respondido a las críticas efectuadas a su política de proteccionismo comercial, que ha llevado al Gobierno a frenar el ingreso de todo tipo de productos, desde golosinas y muñecas Barbie, pasando por notebooks, autopartes, libros, calzado deportivo y hasta autos BMW.

Algunos piensan ‘qué duros que somos, porque la ministra de Industria mete licencia de importación por acá y por allá'”, afirmó la Presidenta al inaugurar una planta industrial.

Y agregó: “Si es por la Argentina, vamos a seguir siendo duros, si eso sirve para lograr más trabajo y producción en tenemos la obligación de hacerlo, por los 40 millones de argentinos”.

En ese contexto, no es de extrañar que las encuestas muestren que una rotunda mayoría de los argentinos cree que hoy el país está más industrializado que en el gobierno de Carlos Menem, cuando la estadística muestra que no es así: hoy la industria representa el 16% del PBI, contra un 17% del de los ’90.

Para el analista Carlos Fara, que se ocupó de medir cómo una serie de afirmaciones del kirchnerismo repercuten en la opinión pública, no caben dudas sobre que hay una “victoria cultural” del Gobierno, que logró imponer su “relato” referido a los logros del modelo K.

“La sociedad observa lo que está sucediendo en Grecia, en Italia o en España. Y ve que eso no sucede aquí, que la Argentina ya pasó por un cepo cambiario -como la convertibilidad- por el default y devaluación. Y piensa que es una etapa ya superada“, observa Fara.

Como otros analistas, sostiene que el contexto internacional está operando como ratificador del discurso kirchnerista.

Los desmadres del sistema financiero legitiman el discurso del ‘modelo’ K respecto a que hace falta una fuerte presencia del Estado controlando la economía”, señala.

Este cambio en el estatus del discurso oficial se evidencia no sólo en las encuestas, sino también en las palabras de referentes que antes se caracterizaban por mostrarse sumamente críticos a la política oficial.

Uno de ellos es el presidente de la UIA, José Ignacio de Mendiguren, quien en un reciente congreso de economía solidaria señaló sin ruborizarse: “Argentina puso en marcha toda la capacidad que tenía. En el 2001 importábamos choclos desde Francia, pomelos de Israel. Y hoy exportamos de todo“, fueron las palabras del dirigente industrial.

Catarata de elogios
Pero tal vez lo más sorprendente es cómo la exaltación del “modelo argentino” se ve, de alguna forma, incentivada por una serie de elogios que llegan desde los centros mismos del poder y del debate global.

Así, el premio Nobel Joseph Stiglitz, en una reciente visita al país, afirmó: “El mundo ha aprendido de la Argentina. Era la mejor alumna del FMI y la lección es que ésa ya no es la escuela a la que el mundo quiere ir”.

Luego, el diario The New York Times publicó una nota editorial en la que elogiaba la forma en que el país se había recuperado de su crisis.

Y llegó a afirmar que ello debería inspirar al presidente Obama en su lucha por reactivar la economía.

El artículo describe que “las calles de Buenos Aires están atestadas de autos porque losargentinos compraron cerca de 800 mil vehículos nuevos este año”.

Y agrega que los electrodomésticos, como el LCD, “se convirtieron en herramientas del hogar de la clase media”.

No sólo eso. Afirma que no todo es atribuible a un golpe de suerte, producto de los altos precios agrícolas, sino que también hay que darle crédito a los aciertos en materia de política económica.

Pocos días después de esa nota, que causó gran repercusión en el ambiente político argentino, el diario inglés The Guardian publicó, a su vez, un elogioso artículo sobre la Asignación Universal por Hijo, del cual dijo que “restablece los lazos de las familias con las escuelas”.

Y cuando parecía que ya se había llegado al máximo, en cuanto a elogios internacionales, se conocieron las declaraciones de Nouriel Roubini, el influyente economista que saltó a la categoría de celebridad global al haber anticipado el colapso financiero de 2008.

En un artículo donde analiza la complicada situación de Grecia, Roubini sugiere prestar atención a la “solución argentina”.

“El retorno a la moneda nacional y una drástica devaluación sí permitirían recuperar rápidamente la competitividad y llevaría al crecimiento, tal como ocurrió en el éxito de la Argentina“, apuntó Roubini, luego de desaconsejar los ajustes fiscales ortodoxos.

Un comentario parecido había hecho otro premio Nobel, Paul Krugman, para quien el país “sufrió mucho entre 1998 y 2001, cuando trataba de ser ortodoxo y hacer lo correcto”, perodespegó cuando cambió de modelo.

El discurso único
Ahí reside, creen los analistas y politólogos, una de las claves del éxito electoral de Cristina Kirchner: la legitimación internacional de su discurso que, como contrapartida, muestra una pérdida de espacio para las ideas liberales que defienden los clásicos ajustes.

Las consecuencias de la década del ´90, según la percepción de la opinión pública, le han dado un tiro de gracia al discurso liberal en lo económico”, sostiene Fara.

Y en la misma línea, el experto en comunicación Diego Dillenberger, señala que el Gobierno ha sabido sacar el máximo provecho de esa situación.

“El kirchnerismo ha sido habilidoso en presentar lo que se dice sobre la Argentina como si todo fuera elogioso cuando, en realidad, también hay críticas por varios temas, como la inflación, el gasto público y la falta de cumplimiento de los contratos”, afirma Dillenberger.

Y agrega que el otro éxito del “relato” ha sido el de relacionar al liberalismo con la crisis económica europea.

“En realidad, los problemas que aquejan a Europa provienen, precisamente, de haberse excedido en el gasto y de haberse sobreendeudado. De manera que no es correcto culpar por esta situación a quienes defienden el equilibrio de las cuentas. Pero el kirchnerismo ha tenido la habilidad de equiparar las dos cosas”, subraya Dillenberger.

Curiosamente, ante esa antinomia, indica el experto, la reacción de la oposición ha sido la parálisis o la autocensura en las críticas, algo que, en definitiva, ha ayudado al éxito electoral de Cristina.

Pero, más allá de los éxitos comunicacionales del Gobierno, lo que los analistas creen que termina por inclinar la balanza es la lectura que los argentinos hacen sobre cuáles son las ideas imperantes.

“Contrariamente a lo que a veces se escucha, los argentinos no viven aislados, y hacen una lectura correcta de hacia dónde va el mundo, tanto a nivel de la opinión pública como en la dirigencia política”, señala Fernando Navajas, economista de la fundación Fiel.

Esa situación, agrega, fue lo que hizo que existiera un amplio consenso social para las reformas estructurales en los años ’90. Y, de la misma manera, es lo que hace que hoydespierten rechazo las soluciones ortodoxas.

En la misma línea, Rosendo Fraga señala que “el giro económico dado por Menem en los ’90, tuvo relación con las ideas predominantes en el mundo en ese momento”, tras la debacle socialista.

En cambio, señala el politólogo, ahora “el debate ha tenido un giro, y se habla de laintervención del Estado para reactivar la economía y salvar bancos y sobre si es el ajuste o el consumo lo que va a evitar el default”.

Es así que, cuando a pocos días de la elección presidencial se ve en la televisión la nueva etapa de la campaña proselitista, se instaló tal convencimiento sobre la aceptación social de la política económica que prácticamente no hay un discurso crítico.

Algunos analistas como Jorge Asís, ex funcionario menemista, califican esta situación como “la cristinización de la sociedad“.

Y describe cómo las apariciones públicas de la Presidenta van perdiendo su tono proselitista para adoptar un tono casi docente: “En ganadora, Cristina enseña. Ilustra. Y con altivez académica, brinda generosos consejos a la humanidad”.