LOS ARGENTINOS COMPRAN MÁS DÓLARES Y ADEMÁS SIGUEN DE SHOPPING: DUALIDAD INPENSADA EN LA ECONOMÍA 2011

Un “extraño fenómeno” se ha dado en todo este tiempo. Históricamente, cuando aumentaba la compra de billetes, el nivel de consumo se resentía. Hoy hay fuga récord y se registran los máximos niveles de ventas de 0km y electrodomésticos. ¿Por qué ahora se puede y antes no? ¿Durará?

Tal vez, en el futuro, los estudiantes de economía lean en sus libros de texto (o en sus e-book) que uno de los fenómenos que más intrigó a los expertos se dio en la Argentina de 2011.

Y el texto en ese manual dirá: “Contradiciendo la tradición histórica, en ese ‘raro año’ se dio el particular fenómeno de que altos niveles de consumo y de compra de dólares -que siempre avanzaron por carriles opuestos- ocurrieron de forma simultánea“.

Con el diario del lunes, seguramente sobrarán las explicaciones sobre cómo y por qué se dio esta suerte de convivencia extraña de una pareja que, durante muchos años, estuvo divorciada.

Pero, mientras tanto, sigue resultando indisimulable el desconcierto de la mayoría de los analistas políticos y económicos, básicamente por dos cuestiones:

  • 1. No resulta fácil de entender cómo la adquisición de bienes durables (un clásico indicador de confianza) va de la mano de la compra de billetes verdes (un clásico indicador de desconfianza).
  • 2. Tampoco resulta a simple vista comprensible que el retiro de divisas del sistema (que ya es comparable al de la fuga en plena crisis campo-Gobierno) se dé a la par del rotundo apoyo que recibió el Ejecutivo en las urnas.

Previo a los comicios de agosto, y para calmar a los inversores, se buscaba atribuir la compra de divisas a un fenómeno pasajero.

Hasta la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, afirmaba que la dolarización que se veía era “típica de todos los procesos preelectorales”.

Pero las urnas quedaron atrás y la demanda de dólares, lejos de moderarse, se acentuó. Con la particularidad, ahora, de que se trata de una “fuga hormiga” llevada a cabo por ahorristas (se estima que en el 60% de los casos las transacciones no superan los u$s10.000).

Incluso, en agosto, se marcó la cifra récord de u$s3.000 millones, según datos del Banco Ciudad. Cabe recordar que en pleno conflicto con el sector rural había sido, en su registro mensual más alto, de u$s2.800 millones.

Por lo pronto, el mercado cambiario está más caliente que nunca, con un Banco Central que debe intervenir a diario para contener una demanda vigorosa.

Fuga al dólar pero también al consumo
La compra de billetes verdes no quita, por cierto, que los argentinos hayan dejado de lado el consumo, tal como lo demuestran las estadísticas con marcada contundencia.

En agosto, con una cifra récord de 80.000 autos en un solo mes, ya prácticamente se alcanzó en lo que va de 2011 la misma cantidad vendida que durante todo el 2010.

En tanto, por el lado de la venta de electrodomésticos, hasta ahora no se vislumbra un enfriamiento y se mantiene una robusta tasa de crecimiento del 9,2% (en volumen, no en pesos), según la encuesta de ventas que realiza la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

Incluso aquellos rubros en lo que se temía una saturación del mercado, como el de los LCD, siguen mostrando niveles de ventas comparables a los alcanzados en momentos “pico”.

La estimación de los empresarios es que se venderán 1,7 millones de unidadessuperando el récord previo de 1,5 millones que se había registrado en el “mundialista” 2010.

¿Por qué ahora hay bolsillo para ambas cosas?
La gran pregunta es por qué ahora y no antes.

Vale decir, cómo es que los argentinos pueden darse ambos gustitos a la vez.

Y aquí es donde se combinan una serie de factores que explican este interrogante:

  • 1. Por el lado de la compra de dólares: los salarios crecieron muy por encima del alza en la cotización. Tal es así que, hoy por hoy, con un ingreso medio se pueden comprar más del doble de divisas que en 2005 (ver nota: El dólar, más barato que nunca: el “déme dos” ahora “rige” también en casas de cambio para ahorristas).

    Además, los argentinos pasaron a tener los sueldos dolarizados más altos de la región, producto del atraso cambiario frente a la inflación.

  • 2. Por el lado del consumo: la clase media aún goza del “efecto licuación”, por el cual adquiere un producto en cuotas fijas -en pesos- y esos pagos mensuales se van reduciendo como proporción de un ingreso que crece.

En buen romance, los fuertes aumentos -de hasta 35%- que recibieron, incluso superando la inflación, les permiten gozar de un negocio por partida doble.

En “dólares”, porque pueden hacerse de más billetes. Y “en pesos”, porque aprovechan la competencia desatada entre bancos, que se sacan los ojos por financiar el corto plazo.

Claro está que todo esto no puede ser gratis, en términos económicos. Alguien tiene que pagar la fiesta de salarios dolarizados por las nubes.

La falta de créditos a largo plazo, las empresas argentinas que han ido quedando fuera de competencia para vender al mundo, el esfuerzo denodado del Gobierno para frenarproductos importados ahora más baratos que los nacionales, dan algunas pistas del por qué esto sucede.

Comprando por desconfianza
Como siempre, la actual situación puede ser considerada como algo digno de ser celebrado o como un síntoma preocupante, según quién sea el observador.

En el gremio de los economistas, no son pocas las voces que catalogan la actitud de los argentinos como de “fuga”, que la expresan mediante la compra de dólares o de bienes durables.

Pero, en cualquiera de los casos, fuga al fin.

Desde ese punto de vista, no resulta contradictorio el hecho de que los argentinos expresen su confianza en el Gobierno, consuman como nunca antes pero, al mismo tiempo, no renuncien a comprar dólares.

Y este “atípico” escenario puede resumirse así: buena parte de la sociedad entiende que la situación actual obedece a un momento excepcional y pasajero, de modo que “siguen de shopping” mientras pueden y, simultáneamente, se ponen a resguardo, por si el contexto cambia.

En otras palabras, saben que tanto los dólares como los televisores y todo tipo de bienes durables serán más caros en un futuro cercano.

Juan Luis Bour, economista jefe de la fundación Fiel, advierte sobre el peligro de interpretar erróneamente las encuestas que dan cuenta del buen humor de los argentinos.

“La ‘confianza’ del consumidor sólo indica que la población aumenta la demanda de consumo, de ninguna manera es ‘confianza en el país‘”, afirma el analista.

Y remarca que implica más compras y menos ahorro, es decir, gastar ahora para luego ver cómo se paga.

Desde su punto de vista, la adquisición masiva de dólares es un claro indicador de desconfianza, pero se puede considerar que el alto consumo también lo es.

En la misma línea, el economista Enrique Szewach, señala: “Una cosa es votar a un Gobierno. Otra distinta es ahorrar en la moneda que ese Gobierno emite y respalda”.

Señales de entibiamiento
Lo que para los analistas parece claro es que esta extraña convivencia entre el alto consumo y la elevada fuga de capitales no podrá durar mucho tiempo.

Y si bien resulta arriesgado ponerle fechas a estas predicciones, para todos resulta evidente que, en los próximos meses, se llegará a un punto de inflexión.

Y los pronósticos hacen referencia a que la balanza se terminará inclinando hacia unamoderación en el consumo, en pos de una compra de dólares que se mantendrá elevada.

Esto, ya sea porque la divisa se mantenga subiendo a menor ritmo que las subas salariales (que la dejará más barata) o bien porque el billete verde escale más rápido (que incentivará la compra por cuestiones especulativas).

El Instituto de Estudios Económicos del Banco Ciudad destaca que los indicadores de actividad ya dan señales incipientes de moderación, como el estimador industrial que mide el Indec, que marcó en julio un aumento interanual de 7,1%, inferior al acumulado en el año, que es de 8,6 por ciento.

Esto, claramente, marcará también una moderación en las subas salariales dolarizadas.

En la misma línea, Jorge Vasconcelos, economista jefe de Ieral, de la Fundación Mediterránea, alerta que incluso en aquellos sectores que hoy aparecen como los más dinámicos de la economía, hay señales preocupantes a futuro.

Y pone como ejemplo la producción automotriz, que crece apoyada principalmente por la demanda de Brasil, país en el que ahora se comenzó a suspender personal -ante el mayor stock de 0km sin vender- y que desembocará en menos compras de autos argentinos.

Cabe recordar que el 50% de las unidades que aquí se producen se venden en ese destino.

Vasconcelos también pone la lupa en la caída en la recaudación de IVA en términos reales: en el primer trimestre se expandió a un ritmo del 14% interanual; en el segundo a un 10%; y en julio-agosto pasó a un 6 por ciento.

En contraposición, nadie se anima ya a decir que la alta demanda de dólares pueda frenarse después de las elecciones de octubre.

Más bien, la sensación es que hay otro motivo macro más de fondo para justificar este nivel de fuga de capitales. Y es el deterioro en el entorno global.

¿Divorcio en puerta?
Entonces, si la demanda de dólares goza de buena salud, ¿cuál será el momento en que se dará el divorcio entre consumo y compra de billetes?

Por lo pronto, hay una mayor expectativa de devaluación, a punto tal que el mercado de futuros Rofex ya la ubica en un 14% anual.

Y esta suba proyectada para el dólar es acompañada por el accionar de los bancos, que tienen que pagar más por los depósitos (para moderar la fuga al dólar), a la vez que debenencarecer el costo de los créditos.

Esto, claro está, amenaza con poner paños fríos al ritmo consumista.

Pero hay otros indicadores poderosos para predecir lo que ocurrirá con la propensión hacia las compras. Y se trata del empleo y del salario.

Si bien la tasa de desempleo se mantiene baja, puede haber algunas incipientes señales de desmejora en este plano.

El índice de demanda laboral, que mide la Universidad Di Tella, registró en agosto sucuarta caída consecutiva, con un descenso particularmente marcado en los pedidos de postulantes para cargos comerciales y profesionales.

La caída porcentual fue del 13% respecto del año pasado, y el indicador ya se ubica en niveles parecidos a los de 2009.

Por otra parte, el fantasma de las suspensiones sobrevuela en algunas industrias, cada vez que llegan noticias de enfriamiento de la economía en Brasil.

Y, finalmente, empiezan a hacerse muy claras las señales sobre que el Gobierno buscará una moderación salarial en las próximas negociaciones, para que el país no se siga encareciendo en dólares.

La cifra que se maneja como objetivo, tal como diera cuenta iProfesional.com, apunta a unnivel cercano al 20 por ciento.

Menos dinero en el bolsillo, tasas de interés más caras, señales ya no tan buenas en cuanto a creación de empleo y un dólar que subirá a mayor velocidad se presentan como los “terceros en discordia” para que esta “extraña pareja” – que había logrado una convivencia pacífica- ahora vayan camino a una separación.

Fuente: Iprofesional