CONTEXTO: EL DÓLAR SUBE, ACOMPAÑAN LAS TASAS, LOS SALARIOS SE MODERAN E INFLACIÓN TIENDE A BAJAR: ¿EL AJUSTE YA EMPEZÓ?

El Gobierno va en contra de todos los “manuales eleccionarios” que recomiendan no mover el valor de la divisa antes de las urnas. Y hasta dio a entender “el kit de repuestos” que usará para el “service” del modelo. ¿Confianza de que va a ganar o urgencia por no poder esperar hasta octubre?

Un movimiento acelerado en la cotización del billete verde justo en la recta final de una elección presidencial es algo que va en contra de una antigua máxima de la política argentina: “Gobierno que quiere competir con éxito tiene que mantener el dólar bajo y estable”.

De manera que la abrupta suba del tipo de cambio en las últimas semanas sólo puede significar dos cosas:

  1. Que el Gobierno tiene tanta confianza en su triunfo de octubre que no considera necesario esperar para introducir correcciones.
  2. Que la necesidad de un ajuste en la paridad cambiaria es de tal urgencia que no puede demorarse.

Es claro que los siete centavos que se ha movido la cotización del billete verde, desde agosto hasta ahora, no implican un cambio drástico, porque los salarios argentinos siguen siendo altos en dólares.

Como prueba de esto, basta observar la realidad de hoy día, que muestra ventas récord de autos (600.000 0km en ochos meses), registros máximos en compras de electrodomésticos y hasta se evidencia en detalles como los ocho recitales de Roger Waters (con entradas agotadas, a pesar del elevado costo del ticket).

Pero también es cierto que, por primera vez en mucho tiempo, el dólar trepó en agosto por encima de la inflación, cuando la norma de los últimos dos años había sido la inversa.

De manera que este incipiente cambio de escenario plantea la gran pregunta: ¿se trata apenas de una “casualidad”, de algo pasajero, o realmente se está ante el principio de un “retoke” más profundo?

Y las primeras respuestas en este sentido apuntan a que, lejos de ser algo circunstancial, se parece más a un punto de inflexión en la política económica.

Por lo pronto, así piensan los miles de pequeños ahorristas que continúan con su “fuga hormiga” y hacen que ahora la salida de dólares del sistema financiero haya trepado a u$s3.000 millones en agosto, según el Banco Ciudad.

“Cuando querés manejar al dólar, manejar las tasas para que no haya inflación, esto tiene consecuencias en la economía. Y este panorama se está tornando castaño oscuro. Lo que el mercado está evaluando es que el BCRA no sabe lo que está haciendo”, es el pronóstico de Carlos Melconian.

Y destaca que “cuando uno ve que la fuga de capitales supera al total de los préstamos bancarios, que ascienden a unos u$s55.000 millones, te empezás a preocupar. Los agrodólares no quedaron en la Argentina y da tristeza esta pérdida”, expresa el analista.

En el caso de los empresarios, la visión es un poco más compleja en relación a la del ahorrista común.

Es que ellos deben mirar con un ojo a la divisa estadounidense y, con el otro, a la brasileña.

Sucede que tomaron nota de que el país vecino está en una decidida campaña por revertir la gran fortaleza de su moneda.

¿Y por qué les preocupa? Porque un real más débil implica productos más baratos en el país vecino – que amenazan con llegar a este mercado – y más dificultades para colocar la producción local en ese destino.

En definitiva, un debilitamiento de la divisa brasileña no hace otra cosa que apurar los tiempos (y las presiones) para que la Argentina devalúe más rápido.

Así las cosas, el dólar en el mercado interno probablemente no pueda seguir cumpliendo con su rol de “ancla” contra la inflación, como lo ha hecho hasta ahora. Los tiempos son otros.

El Gobierno lo sabe. Y es por eso que este cambio de contexto, que también es potenciado por la crisis financiera mundial, obliga a apurar la toma de algunas decisiones por parte del Ejecutivo.

De modo tal que la frase “el ajuste ya empezó”, comienza a ser cada día más escuchadade boca de ejecutivos de negocios y analistas.

Las primeras señales 
Desde ya que la palabra “ajuste” está prohibida para cualquiera que quiera mantener una buena relación con el Gobierno (y las últimas semanas han sido pródigas en elogios y gestos de acercamiento por parte de la gente de negocios hacia Cristina Kirchner).

Pero lo que resulta claro es que, con una situación internacional menos amigable y con una previsión oficial de crecimiento doméstico inferior al 5%, los pedidos para que el Gobierno realice algún “service” al modelo están a la orden del día.

En definitiva, éste ya viene con el motor acelerado recalentándose desde hace varios años.

Al respecto, el economista Tomás Bulat plantea que ante la segura reelección de la Presidenta la pregunta valedera es si se puede:

  1. Seguir con una inflación anual del 25%.
  2. Con un dólar que sube apenas un 4%.
  3. Con tarifas que implican subsidios anuales por $60.000 millones.
  4. Con déficit energético.
  5. Con un consumo sustentado en tasas negativas.
  6. Con pretensiones salariales poco viables en cuanto a productividad.

“Lo que se dio hasta ahora no resulta posible de mantener en el mediano plazo”, señala Bulat.

Por su parte, Federico Sturzenegger, presidente del Banco Ciudad, es contundente al afirmar que la brecha cambiaria es un problema que no puede esperar para ser corregido: “Otro año de inflación creciendo al 25% y una devaluación del 5% es sencillamente algo que no se puede sostener“.

El Gobierno, conciente de que los tiempos que vienen serán distintos a los que se fueron, ya está dando señales del tipo de “service” que hará para poner a punto un motor con el que deberá correr otros cuatro años más.

Dólar más alto e inflación más baja serán parte del “kit” de repuestos que utilizará.

Buscará que el país no siga encareciéndose un 15% en dólares por año, como lo ha hecho hasta ahora, porque sabe que los empresarios argentinos quedarán fuera de carrera.

¿Cuál es el objetivo que perseguirá? Según expertos que analizan las señales oficiales, la meta será que la brecha entre inflación y suba del billete verde no supere el 5%.

De alguna manera, esta diferencia daría lugar a que el país se encarezca en una cifra más cercana a la suba de precios internacional.

Otro de los ajustes vendrá por el lado de los aumentos salariales que, tal como diera cuenta iProfesional.com, se convertirán en el tercer “ancla” para moderar la suba de precios (junto a las otras dos ya utilizadas: tarifas y dólar).

En este sentido, buscará moderar las pretensiones de incremento y acercarlas a un 20 por ciento.

Y una muestra de que “el ajuste ya empezó” se encuentra en lo que sucedió con la negociación del salario mínimo vital y móvil.

Los gremios querían un 41% de incremento y el Ejecutivo “se plantó” en un 24%.

El hecho a destacar es que hasta Moyano sonrió para la foto con Cristina cuando, tiempo atrás, esa cifra hubiese sido objeto de mayores discusiones.

Correcciones en la agenda
Pero, por sobre todo, la principal pista respecto de lo que viene la dio la mismísima Presidenta.

En el acto conmemorativo del Día de la Industria admitió la necesidad de cambios con vistas a un entorno global más complicado.

“Si hay distorsiones, vamos a hacer todas las correcciones necesarias”, fue la frase de Cristina.

Aunque la postura oficial es que no hay inflación superior a la que mide el INDEC, la Presidenta ha dado señales explícitas en el sentido de que una de sus prioridades esponerle freno a la acelerada carrera entre precios y salarios.

“Me preocupa la inflación, pero a la Presidenta también: de otro modo no habría intervenido en la negociación por el salario”, señaló en el Consejo de las Américas Eduardo Eurnekian, titular de Aeropuertos Argentina 2000.

Al respecto, en un reciente foro organizado por la Universidad de Buenos Aires, el economista Leando Serino – cercano a “La Cámpora” – dio una pista, al señalar que sería conveniente establecer “metas decrecientes de aumentos de precios y salarios”, con un objetivo del17% para el año próximo.

este “ajuste ya empezó” también tocará a los subsidios vinculados con las tarifas de losservicios públicos, que en el primer semestre del año significaron un desembolso estatal de $23.000 millones (tres cuartas partes del gasto previsto para todo el año).

En plan de reducir la erogación en el rubro de transporte, ya se piensa en desdoblar el costo del pasaje de subte y colectivos, de forma de que el subsidio llegue sólo a los pasajeros de bajos ingresos.

Achicando la brecha
Si el objetivo de inflación se ubicara en algún punto entre 17% y 20%, ¿alcanza con eso para decir que la Argentina comenzó a corregir su problema de competitividad?

Desde ya que no, con un ritmo devaluatorio como el que caracterizó a este año hasta comienzos de agosto (poco más de 5% anual).

Sin embargo, a partir de ese mes algo cambió.

La suba del dólar comenzó a hacerse más pronunciada y, de mantenerse ese deslizamiento (de a cinco centavos por mes), eso implicaría una devaluación del 14% en un año.

Y, coincidentemente, es lo que el mercado financiero espera que ocurra, a juzgar por la información que se puede inferir del Rofex, que es donde se compra dólar futuro.

En los contratos, se está asumiendo que la cotización a un año vista sería de $4,75, lo que implicaría un 14% de variación anual.

Pero hay otro argumento potente para esperar una mayor devaluación.

Ocurre que, a diferencia de lo que pasaba en momentos de “sobrante” de dólares, ahora ya no hay una presión a la baja del tipo de cambio.

entonces el Banco Central no debe emitir para sostener el precio de la divisa.

Más bien, está ocurriendo lo contrario: vende para que la cotización no acelere demasiado su ritmo de suba.

“Nuestras estimaciones marcan que ya este año habrá un déficit en la cuenta corriente. Y eso implica que ahora una suba del dólar no acelera la inflación” señala Ramiro Castiñeira, analista de la consultora Econométrica.

Y añade: “Estimamos que con el correr de los meses la brecha entre inflación y devaluación se achicará considerablemente, tanto por una baja de la primera como por un deslizamiento más rápido de la divisa estadounidense”.

La crisis financiera global acelera el ajuste
Para los economistas, una cuestión clave para determinar si el Gobierno acelerará la suba del dólar está vinculada con la profundización de la crisis internacional.

En particular por:

  • Su impacto en la fuga de capitales.
  • Su incidencia en la evolución del real.

En relación al primer punto, cabe destacar que para 2011 se prevé una salida de divisas del sistema (u$s20.000M) que será el doble de los billetes verdes que entran por el intercambio comercial (u$s9.000M).

Ese rojo (u$s 11.000M) puede tender a acentuarse, ya sea por menores ventas al mundo, por caídas en los valores de la soja o bien por una mayor búsqueda del dólarcomo refugio.

En cuanto al segundo aspecto, será clave lo que ocurra con Brasil.

Y los cinco puntos que se devaluó el real en pocas semanas abonan la tesis de que también las casas de cambio de la city porteña verán un dólar más movedizo.

En este último caso la frase “el ajuste ya empezó” encuentra un fundamento externo, que va más allá del margen de maniobra o de las intenciones del Gobierno K.

Fuente: Iprofesional