TRAS INFORME DE LA FED (EEUU), ARGENTINA CONTINUA CON ESCENARIO POSITIVO

Para calmar el miedo que genera un escenario recesivo, Estados Unidos tuvo que anunciar que hasta el 2013 iba a mantener en cero la tasa de interés que rige los destinos del billete verde. ¿Por qué esto beneficia a los argentinos, alivia al Gobierno y contribuye al boom de consumo?

Hay una frase que ya ascendió al carácter de máxima en la política argentina: “Gobierno que quiere ganar una elección debe mantener al dólar barato“.

Y, a juzgar por lo que está pasando en el mundo, parecería que el propio Estados Unidos comparte esa filosofía.

Sólo que en la principal economía del planeta, la frase equivalente se podría aplicar a las tasas de interés, que se mantienen planchadas para así estimular el consumo.

Y así como el Gobierno K deja a la divisa estadounidense anclada y “rehén” de la inflación, del mismo modo Estados Unidos necesita que el dólar siga “regalado“, en su persistente intento para que, alguna vez, su economía pueda recuperar su dinamismo.

Ahora, en un momento particularmente débil para el gobierno de Barack Obama, y cuando éste debe empezar a articular un discurso para su campaña de reelección en 2012, la Reserva Federal de ese país (FED), hizo un anuncio a medida de la situación.

Por primera vez, estableció que su política de “tasa cero” se iba extender -nada más y nada menos- por dos años (usualmente los anuncios sobre cambios en los tipos de interés los realiza de forma trimestral).

En buen romance, dejó establecido que la actual época de dólar barato permanecerá así por un largo tiempo.

Es que el gobierno estadounidense trata de no quedarse de brazos cruzados ante la amenaza de una recesión y de que este temor se apodere del mercado.

En realidad, desde hace ya tres años viene haciendo todo lo que está a su alcance para poder recuperarse del golpazo que le causara la crisis subprime.

Ya en 2008, decidió inyectar al mercado billones de dólares para traspasar hipotecas basuras al sector público y   reactivar el consumo. También, tuvo que rescatar a bancos y a empresas de la bancarrota.

Como parte de esa política de salvataje, debió bajar las tasas de interés (que rigen los destinos del dólar) a cero.

Pasó el tiempo y los indicadores habían comenzado a mostrar indicios de que el país estaba logrando una cierta, pero tenue, recuperación.

Y cuando estaba tratando de “levantar cabeza” llegaron otros dos mazazos: el reciente conflicto político sucedido al tratar de elevar el techo de endeudamiento y la posterior rebaja en su calificación de deuda.

La amenaza de que una recesión podía estar golpeando nuevamente sus puertas (al haberse aprobado más impuestos que derivarían en un menor consumo) produjo el cimbronazo vivido este lunes, en el que se derrumbaron todos los mercados del mundo.

Ante ello, las autoridades se vieron obligadas a salir a calmar a los inversores.

Y el anuncio del mantenimiento de “tasa cero” y “dólar barato” -como forma de reactivar los créditos y el consumo- logró su cometido.

En efecto, a partir de esta mención, los mercados comenzaron a repuntar y a recuperar parte de lo perdido en la jornada previa.

Claro está que, una vez más, el que pagó los platos rotos fue el billete verde, que perdió posiciones frente al resto de las divisas.

Abriendo el grifo de dólares
Cómo estará de difícil la situación en ese país que hasta los economistas más ortodoxos -es decir aquellos que apelan a las viejas recetas y se muestran reacios a “dilapidar fondos”-aplaudieron la medida de abrir el grifo verde.

Uno de ellos es Kenneth Rogoff, ex economista jefe del FMI, quien llegó a afirmar que, crisis como estas, que se ven cada 75 años, obligan a dejar todas las otras preocupaciones de lado (en relación a que el dinero barato dispare la suba de precios)

En su visión, un dólar debilitado es lo mejor que le puede ocurrir al mundo, si se apunta a que la economía estadounidense se recupere y contagie al resto de los países.

Para Fernando Marengo, economista jefe del Estudio Arriazu, lo que hizo el titular de la FED, Ben Bernanke, “es plantarse y decir ‘yo no me muevo’, con lo que garantizó así una divisa barata a mediano plazo”.

¿Por qué es importante este “gesto”? Marengo destaca que los inversores se mueven en función de los diferenciales de tasas de interés que ofrece una moneda respecto de otra.

De este modo, el tipo de interés que rige al dólar quedará un largo tiempo por debajo del que rige al euro (que lo fija el Banco Central Europeo, actualmente en 1,5 por ciento).

Que siga la fiesta
Toda esta “película”, que parece tan lejana para el común de los argentinos, en realidad no lo es.

Es que el dólar barato en el mundo contribuyó -en gran medida- a que la Argentina pueda contar con viento de cola para impulsar su crecimiento.

1. En primer lugar, porque al estar las tasas en cero muchos inversores toman posiciones en materias primas, entre ellas la soja. Esta mayor demanda permite que la cotización del “yuyito” siga alta y así localmente se pueda financiar el gasto público y mantener las tarifas congeladas.

2. En segunda instancia, porque los capitales “emigran” a otras latitudes, entre ellas Brasil, lo que hace que se fortalezca la moneda de ese país y la Argentina cuente con un signo monetario más competitivo a la hora de colocarle sus productos.

3. En tercer orden, porque favorece a que el Gobierno tenga menos presión para mantener el dólar “anclado“. Y esto permite que los argentinos puedan seguir con su fiesta consumista, pilar fundamental de la economía K.

Por eso, a la Argentina este anuncio le viene como “anillo al dedo”.

“Con precios agrícolas que siguen altos, el real brasileño cotizando a 1,59 por dólar y encima con capitales que siguen llegando a la región, la Argentina no sólo evita una presión adicional a sus problemas de competitividad, sino que parece estar en el mejor de los mundos”, resume Leonardo Chialva, analista jefe de Delphos Investment.

En la misma línea, el economista Pablo Rojo destaca: “Se confirmará el flujo de fondos hacia los países emergentes. Una política de tasas bajas en Estados Unidos, en definitiva, pone incentivos para tomar dinero barato allí y reinvertirlo en economías que sostienen una alta tasa de crecimiento y cuentan con fundamentals sólidos, como las latinoamericanas”.

Y agrega que, a diferencia de lo ocurrido en 2008, cuando hubo una fuerte presión devaluatoria de la moneda brasileña (y, por efecto arrastre, del peso argentino), ahora “siguen entrando capitales a raudales a Brasil“.

Cabe aclarar que cuantos más billetes verdes entren al país vecino, más tiende a apreciarse su moneda en relación al dólar.

Un escenario funcional al “modelo”
¿Qué tan importante es para el país esta, “garantía por dos años” que le “regala” los Estados Unidos y el mundo?

Para el actual escenario de “hiper-consumismo” se convierte en un lubricante clave para motorizar la economía local.

Además, permite que el Gobierno avance en su estrategia de “devaluar sin devaluar”.

Es decir, que el mundo haga el “trabajo sucio” de apreciar sus monedas.

Y esto reduce la presión de empresarios argentinos para que el Ejecutivo mejore internamente el tipo de cambio.

En buen romance, si las divisas de los países de la región (especialmente el real brasileño) se mantienen fortalecidas contra el dólar -en términos comparativos- la Argentina ve aliviado el encarecimiento de sus precios internos en términos de billete verde.

“En este momento a Estados Unidos le conviene tener una moneda barata y tasa barata. Y eso implica una apreciación de los signos monetarios de Brasil, México, Chile o Perú“, señala Diana Mondino, experta en finanzas.

Mondino cree que, para la Argentina, la situación actual es una buena noticia.

“Si, en cambio, tuviese que buscar una mejora de su competitividad por la vía cambiaria, no tendría éxito. Esas soluciones siempre duran diez minutos”, afirma.

Su diagnóstico es que, aunque la economía argentina tiene problemas, que se expresan en la fuerte disminución del saldo en la balanza de pagos, el contexto internacional aporta la posibilidad de un “aterrizaje suave”.

Desde la vereda de las empresas también se confirma esta percepción.

A tal punto que en industrias consideradas “al borde” de la capacidad competitiva y que siempre corren el riesgo de ser desplazadas por las importaciones, hoy no se ve una preocupación desmedida.

Un ejemplo de esto lo aporta la industria textil. Al respecto, el economista de la Fundación ProTejer, Mariano Kestelboim, manifiesta que no hay peligro de que ocurra una situación similar a la de 2008, momento en el que una devaluación abrupta del real motivó reclamos de los empresarios argentinos para que aquí se siga esa misma política.

La soja siempre está
Está claro que un dólar débil también tiene su costado negativo para la Argentina, principalmente por el lado de las subas de los precios internos, medidos en esa moneda.

Esto se reflejará en los costos salariales de la industria y en la continua alza del sector inmobiliario, por mencionar dos ítems que preocupan internamente.

Pero hay una compensación. Porque el escenario de “dólar que ayuda” se completa, por cierto, con el dato que, en los últimos años, se ha transformado en el indicador más mirado por los argentinos: el precio de la soja.

Principal proveedor de divisas para la economía nacional, de reservas internacionales para el Banco Central y de recursos para las arcas fiscales, el “yuyito” es el garante de que los desajustes no requerirán, como en otros tiempos, de una dolorosa corrección.

Y en este punto es donde reside el mayor motivo de alegría para la economía local.

Es que todas las señales apuntan a que la Argentina seguirá disfrutando de la lluvia de dólares proveniente de las exportaciones agrícolas.

La demanda por alimentos no sólo no cae sino que sigue subiendo firme. Y mientras eso ocurra no hay por qué temer una corrección brusca en los precios de las materias primas”, indica Marengo.

Como si los motivos anteriores no fuesen suficientes para el festejo de éste y del próximo Gobierno (sea quien fuere) existe otro “souvenir” de alegría.

Sucede que donde sí se están esperando caídas es en los precios de las commoditiesvinculadas con la energía.

Justo en un momento en que los costos energéticos aparecen como uno de los grandes fantasmas en el horizonte económico argentino.

Si continúan cayendo los precios del petróleo y el gas, eso podría implicar un alivio muy importante. No hay que olvidar que uno de los principales rubros de importación es el energético. Eso está complicando el saldo comercial y además implica un fuerte gasto público en subsidios”, observa Mondino.

Por cierto, todos los analistas enfatizan que la bonanza internacional no corrige los problemas estructurales de la economía argentina, pero permiten disimularlos y realizarcorrecciones menos traumáticas.

En tanto, en el mundo se garantiza que habrá dólares baratos por un buen tiempo.

Y para un país de cultura dolarizada como la Argentina, eso siempre es una buena noticia.

Fuente: Iprofesional