ANALISIS INTERNACIONAL EN MEDIO DE LA CRISIS

Todo parecía resuelto. Estados Unidos, sobre la hora, le había escapado al default. En Europa se tomaron un respiro, tras haber rescatado a Grecia. Pero los dueños de los capitales olfatean que a futuro las cosas no pintan bien. ¿Cuáles son las razones de fondo que les hacen tener tanto miedo?

¿Acaso no se había arreglado todo? ¿Estados Unidos no solucionó su default? ¿Grecia no fue rescatada? ¿Qué pasó ahora?

Posiblemente usted -como muchos otros- se esté haciendo esas mismas preguntas, al leer nuevamente que el mundo financiero se desplomó, lisa y llanamente.

Esta vez, como pocas veces en este último tiempo.

A punto tal que el día de ayer ya ingresó en la “historia negra” de los mercados.

Parecía que todos los líderes de Europa y Estados Unidos habían hecho bien los deberes. Y que la palabra crisis global comenzaba a mirarse por el espejito retrovisor.

Pero nada de eso ocurrió.

Tal como anticipara iProfesional.com el mismo lunes -apenas se aprobó en los Estados Unidos la ampliación del techo de deuda- la lectura de los inversores, lejos de transformarse en algarabía, fue dominada por el escepticismo (ver nota: ¿Por qué los inversores le dan la espalda y analistas descreen del acuerdo que se firmó en EE.UU.?).

¿Por qué? Por un razonamiento tan sencillo como preocupante.

Si la principal economía del mundo, que aún no logró recuperarse de la crisis de hipotecas -y que para salir a flote necesita impulsar el consumo de sus habitantes-aprueba un paquete que incluye una fuerte suba de impuestos y recorte de gastos, ¿cómo hará para salir a flote?

La ecuación es sencilla: menos dinero para consumir = menos producción de las empresas = menos creación de empleos = escenario recesivo.

En buen romance, que Estados Unidos haya sorteado un eventual default, no significa que las cosas pinten bien.

Y esta lectura es justamente la que hicieron los inversores.

“Lo peor de todo es que el ajuste que, de alguna manera, se asemeja al aplicado en Grecia, va a convertirse en un salvavidas de plomo para una economía que aún no pudo salir de la crisis”, señala Agustín Cramo, experto en mercados internacionales, a iProfesional.com.

“Además, suponer que el resultado fiscal va a mejorar por la suba de los impuestos, en medio de una caída del nivel de actividad, es literalmente soñar despierto”, agrega.

En la misma línea argumental, el economista Luis Palma Cane decía: “La teoría y la experiencia indican que si a un país, que está saliendo a flote gradualmente, se le aplican fuertes ajustes, los resultados son nueva recesión, menores ingresos y mayor déficit”.

Olla a presión Y este temor se fue acrecentando con el correr de los días. Hasta que llegó el fatídico jueves 4 de agosto.

Una jornada que quedará en la historia de los “días negros”.

No será el primero ni el último. Pero por el simple hecho de sumarse a la lista, ya es un símbolo de que algo no está funcionando a nivel global.

Ya no alcanzan los salvatajes. Ni arrojar al mercado billones de dólares para que la economía global salga a flote.

Los inversores no encuentran demasiadas opciones para refugiar su dinero.

Y ayer hasta se dio la paradoja de que bajó hasta el oro.

Salvo los bonos del Tesoro americano, cayeron todos los activos.

Así, se vieron afectados las principales monedas de países emergentes, acciones, bonos y materias primas.

Se busca líder se busca Una de los grandes problemas que observan los inversores es la falta de liderazgo político a nivel global.

Es decir, la carencia de algún estadista, que se “ponga mochila al hombro” y marque el rumbo a seguir.

Y los analistas locales e internacionales hacen la misma lectura.

“El problema que vemos días es que los mercados le están imponiendo el ritmo a la política. Y cuando ésta actúa, más que avanzar, retrocede”, destaca Sabrina Corujo, de Portfolio Personal.

La experta remarca que “esto se vio antes en Europa y ahora también se da en los Estados Unidos”.

Dionisio Corneille, director de la Sociedad de Bolsa que lleva su nombre, coincide con su apreciación: “Las fuertes bajas se explican por una crisis política que se suma a la económica”.

“No existe alguien que en este momento pueda tomar el toro por las astas y transmitir confianza, que es lo que está faltando en el mercado”, se queja el experto.

En la misma línea, el ex titular del Banco Central, Martín Redrado, asegura que “todo se derrumba porque no hay liderazgo político y porque los motores de la economía mundial se desaceleran”.

Al respecto, desde la city porteña la mayoría de los analistas consultados también destaca que generó mucha incertidumbre la falta de liderazgo mostrado por Obama, a la hora de encolumnar a los propios congresistas de su partido.

Mariano Peretti, analista de Maxinver, señala que “los inversores perdieron la confianza”, al ver cuánto demoró Estados Unidos en llegar a un acuerdo.

Y los expertos remarcan que los dueños de los capitales “olfatean” estas cuestiones, se asustan y actúan en consecuencia.

“Ningún personaje mundial puede brindar esos signos de fortaleza propios de un estadista, que se requieren para calmar el temor de los mercados”, sentencia Corneille.

Y esa debilidad que encuentran los inversores en el mandatario estadounidense también la observan del otro lado del Atlántico, precisamente en los países del sur de Europa.

Según Palma Cané, “las turbulencias económicas que atraviesan esas naciones se ven agravadas por un problema político fundamental, que es la falta de gobernabilidad de la Unión Europea”.

¿Por qué observan esto? Porque ven una estructura de toma de decisiones pesada -tipo pata de elefante- que debe contar con el consenso de varios países, para resolver problemas que explotan día a día.

“Resulta necesario cambiar de modo urgente la actual metodología por un esquema político flexible, acorde a los tiempos que corren”, enfatiza Palma Cané.

Panic Atack “El mundo entró en pánico. La prueba más contundente es que los únicos que se salvaron fueron los bonos del Tesoro de los Estados Unidos que, en la práctica, se convirtieron en el activo refugio de la jornada. De hecho, hasta el oro cotizó en baja”, señala Mauro Gini, economista de FDI Gerenciamiento Patrimonial.

“Lo que vimos el jueves fueron ventas de inversores totalmente atemorizados. Prácticamente se descuenta que Estados Unidos va a caer en doble recesión y el panorama global hará imposible que los países de la Eurozona resuelvan sus rojos fiscales”, argumenta Alberto Castillo, analista de Capital Bolsa.

Aldo Abram, director de la Fundación Libertad y Progreso, coincide en que “existe una crisis de confianza. Los inversores entienden que hay muchas deudas por saldar y que eso limitará la capacidad de crecimiento de los países”.

“El mundo, que salía de la crisis con 3 motores (EE.UU., Alemania y China), hoy tiene sólo uno y con los chinos pisando el freno para contener la inflación”, declaró el experto Eduardo Levy Yeyati.

¿Otra vez…recesión? Las caídas que se dieron ayer asombraron por su magnitud a analistas e inversores del mundo.

Fueron como una suerte de tormenta, de las peores, que arrasó con todo lo que encontraba a su paso. Ningún activo de los importantes, salvo uno, quedó en pie.

¿Hubo algún hecho en particular? Ninguno que justifique semejante derrape.

O mejor dicho uno. La creciente sensación de que la economía mundial se encamina a una nueva gran recesión.

“De pronto, se puso todo muy feo. No por alguna cuestión específica, sino por la sensación de que el miedo a la recesión global se apoderó de los mercados”, afirma Corujo.

“Estamos en la primera fase de un ajuste vinculado con la sustentabilidad de la deuda de algunos países, como Italia, y con el débil crecimiento en Estados Unidos”, comenta Enrique Alvarez, analista de Latinoamérica en Idea Global.

“Ahora creemos que existe una mayor probabilidad de una recesión en Estados Unidos a partir del próximo año”, señala la economista Michelle Meyer, de Bank of America Merrill Lynch.

Para Yeyati, ese país “bien podría convertirse en un Japón, con crecimiento, inflación y tasas por el piso por varios años. Esta situación pondría en jaque el crecimiento del resto del mundo”.

Declaraciones explosivas El jueves, tanto analistas como inversores estaban pendientes de las declaraciones del presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, quien finalmente reconoció una desaceleración en el crecimiento de la zona del euro.

Con sus dichos el funcionario “dilapidó” las esperanzas de los inversores, que creían que se iba a referir a que el organismo iba a “dar una manito” comprando deuda e Italia y de España.

Pero Trichet no acusó recibo de esta cuestión.

El efecto sobre las bolsas europeas fue “letal”. Todas cayeron en forma notoria (el principal índice de referencia se derrumbó como no se veía desde el 2009).

Las bolsas de Madrid y Paris descendieron cerca de un 4 por ciento.

Para tener una idea de la magnitud de la corriente vendedora de acciones de esta semana, la misma borró más de 400.000 millones de euros de capitalización de mercado de los índices líderes de Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, España y Holanda, el equivalente a casi una vez y media el producto bruto de Argentina, para dar un ejemplo.

Pero el shock también se extendió a América latina.

El Merval fue uno de los más afectados, con un derrumbe del 6 por ciento.

“La bolsa local mostró un fuerte descenso, producto del temor global a un freno en las tasas de crecimiento de Estados Unidos”, remarca Francisco Marra, operador de Bull Market Brokers Sociedad de Bolsa.

Pero el Bovespa de San Pablo no se quedó atrás, pues se precipitó un 5,75%, sumando así su cuarta sesión consecutiva de caídas.

Los bonos del Tesoro, único refugio Toda esta histeria colectiva actuó como detonante para que se disparara la demanda de los bonos del Tesoro.

¿Cuánto pagan? Ahora su tasa de interés se ubica en un 3,83% (venían ofreciendo 3,9 por ciento).

Su rendimiento no había caído tan bruscamente en una sola semana desde el peor momento de la última crisis financiera global.

“Esta suba de los precios y el desplome de su rentabilidad, expresa sin medias tintas, la pérdida de esperanza de una recuperación del crecimiento de la economía estadounidense”, consigna Agustín Cramo.

El “diluvio” se llevó todo En el mercado de divisas también se notó la fuerte volatilidad.

El euro se depreció y se ubicó en los u$s1,412 frente a los 1,43 en los que abrió la rueda. Pero no fue el único.

En América latina, el real brasileño se depreció hasta un 1,6% (a 1,5850 unidades por dólar) y el peso chileno cayó a 462,60.

Las materias primas tampoco salieron indemnes: ni los futuros del maíz, ni la soja. En tanto, el petróleo se desplomó un 5%

Hasta el oro, la gran estrella de todo este tiempo, que no paraba de marcar récord, sucumbió.

Su cotización cayó u$s30 dólares por unidad, casi un 2 por ciento.

En este contexto, todo indica que existe una letra que resume el rumbo que seguirá la economía global: la “W”.

Esto es, caída, recuperación, caída y una posterior recuperación.

Pero para que esto último se dé, el mundo busca un líder. Un estadística que marque el rumbo y que, por ahora, no aparece.

Fuente: Iprofesional