¿POR QUÉ GANA MACRI?

Les dejo un excelente análisis sobre las elecciones a Jefe Porteño de la CABA de este fin de semana, dejo en claro mi TOTAL descontento por los resultados, que en su momento no me lo sabía explicar, sin embargo con esta nota se me aclara un poco mas el panorama.

Casi sorprende la pregunta, no? Es el candidato de los medios, de los mercados, de todas las fuerzas sociales que se oponen a este gobierno y aspiran a algo mejor que Ricardito. Y sin embargo, después de cuatro años de gestión, y en parte debido al clima electoral que se impuso desde la muerte de Néstor Kirchner, donde parecía que éramos todos kirchneristas, parecía -siempre para algunos, claro- que su tiempo estaba terminado.

Bueno, no estaba terminado. Y no sólo eso: para una oposición que no tiene hoy un referente sólido a nivel nacional, y que viene perdiendo uno tras otro los distritos en juego, su victoria abre una expectativa, no para 2011, sino para 2015. Claro que si Mauricio se queda como en 2007, esperando que lo vengan a buscar, se le va a complicar. Pero en 2015 tiene un problema menos: no compite ningún Kirchner.

Primero entendamos en qué distrito ha ganado, de nuevo, Mauricio Macri. Se trata, como hemos señalado, de un distrito altamente urbanizado, tradicionalmente refractario al peronismo -más aún al kirchnerismo-, que viene experimentando una acentuadísima segmentación interna en las últimas décadas.

Sin pretender exhaustividad, propongo que distingamos entre un sur – suroeste muy similar a los cordones inmediatamente aledaños del conurbano, donde las carencias básicas pasan por la infraestructura, la vivienda, el empleo, la seguridad, etc., un centro en declive, y una zona norte que, en principio, también comparte un horizonte con su equivalente provincial -aquí, tal vez, se nota una ligera ventaja para el norte metropolitano, pero la misma se halla compensada por la antigüedad de la infraestructura y las dificultades abiertas por la diaria migración automovilística del GBA a la CABA.

En zona norte, Macri es sinónimo de bicisendas, inversiones cosméticas de valor inmobiliario, y Policía Metropolitana. En esta zona, además, cuenta con la ventaja de ser, genuinamente, uno de ellos: uno más, ya sea porque representa un status social compartido, o bien porque representa la aspiración al mismo por parte de quienes quieren sentirse bienvenidos.

En la zona centro, eje de los proyectos progresistas, Macri mantiene el perfil cosmético, y capitaliza las malas gestiones del progresismo. Claramente, esta no es su zona más fuerte, y así lo revelarán los guarismos una vez que los podamos diferenciar.

En la zona sur – suroeste, Macri es un intendente territorial. Me imagino la sorpresa de los que leen esta frase, pero puedo sustentarla. En primer lugar, esta es la única región de la ciudad donde el macrismo hace pie desde 2003 en la estructura del viejo peronismo porteño. Mejor, peor, pero lo hace. Es, también, la única zona de la capital donde requiere y posee una estructura de locales y dirigentes intermedios que le responde de manera aceitada, representada en la Legislatura y en las comunas respectivas por Ritondo.

En esta zona, Macri se ha esmerado, también, en ejercer un control directo de una tropa, mínima pero efectiva, desde los CGP. Desde allí se atienden y canalizan las pocas cosas que el GCBA brinda a su base de sustentación. Las obras han sido pocas, es cierto, pero han existido. Macri no conoce la zona, es cierto, pero sus punteros la recorren todos los días por su cuenta y en su beneficio. Tampoco la conocen -y lo que es peor, no la recorren ni por terceros- sus opositores, con lo que virtualmente, en el sur, PRO es el partido dominante, si no el único.

Juegan otros factores, aparte del mapa electoral, claro. En primer lugar, la discriminación presupuestaria que sufre la ciudad es muy evidente, con o sin subejecución. El kirchnerismo ha jugado constantemente con la idea de que no debe ponerse ni un peso en la Capital, que Macri debe manejar la explosión de las contradicciones. Créase o no, ese discurso y esa práctica han generado la imagen de un Jefe de Gobierno que no hace porque no puede, que es sistemáticamente boicoteado, etc. Es decir, la agudización de las contradicciones, como ya es de manual, favorece a los autoritarios de turno. El no traspaso de la policía le da al Ingeniero motivo diario para victimizarse.

¿Significa esto que Macri haría mejor gestión con más recursos? Probablemente no, pero operativos como la extensión del Centinela a la zona sur de la ciudad tendrían que haber llegado tres meses atrás, no dos semanas.

Párrafo aparte merece la evaluación que se hace y que se hizo de las gestiones progresistas y de sus referentes, vencidos por Macri con una sola excepción desde su misma aparición en política. Sorprende, en este sentido, la insistencia en un tipo y estilo de alianzas con aquellos actores de la política porteña que el electorado observa, como mínimo, con un alto rechazo.

Los sectores medios porteños, que viven sin dudas mejor que hace diez años, no le deben nada de esto al gobierno de la ciudad, y nunca han sentido que le deban esto al gobierno nacional. Los sectores populares de la ciudad, que han visto empeorar su calidad relativa de vida sin solución de continuidad durante y después de la gestión de Macri, no ven en el gobierno una alternativa: la política social del kirchnerismo es abrumadoramente bonaerense y regional – provincial antes que porteña.

Párrafo aparte merece la astucia táctica de Macri, su despegue discursivo de las retóricas altamente ideologizadas, su habilidad para presentarse como un “resolvedor de problemas” sin traumas de infancia ni convicciones que dificulten la operatoria. Cuando Macri dicebarbaridades, y eso es bastante frecuente, se trata de barbaridades medidas.

Macri confronta todo el tiempo con el imaginario progresista, lo reta a duelo, y, como se ha visto, le gana. El caso paradigmático fueron las tomas de terrenos del año pasado, y en especial, las delIndoamericano. Dejemos un instante al costado si fueron, o no, alentadas por operadores propios o por punteros macristas: olvidemos, por un momento, que actuaron en todo momento las patotas de Genta, que la crisis misma se debió al vaciamiento estructural del IVC desde 2007, etc. ¿Cuánto tardó en reaccionar el gobierno nacional? A los ojos de la población de la zona sur, que en gran medida hizo su vivienda con mucho esfuerzo y la considera una conquista decisiva en su recorrido vital, tardó demasiado.

¿Cómo se le gana a Macri? Laburando, con militancia territorial constante, resolviendo de inmediato todo aquello que él no resuelve. Caminando el sur todos los días, no cada dos años, para ver con horror el estado del asfalto. Pensando en términos de políticas metropolitanas y analizando las demandas de los porteños con un criterio similar al que se aplica en el primer cordón.

A Macri no se le gana enviando la señal de que el futuro gobierno, como todos, atenderá primero en zona norte. No se le gana en el cinturón Rivadavia que alguna vez, allá lejos y hace tiempo, era radical o progresista. No se le gana con promesas y consignas que reconocen problemas de larga data en el sprint final de campaña.

Tampoco es posible pensar la ciudad solamente desde el perfil de defensa de lo público que ha caracterizado la campaña de Filmus – Tomada. De los lectores de este post, ¿cuántos envían a sus hijos a la escuela pública del barrio? ¿Cuántos de esos querrían otra cosa? ¿Cuántos se atienden en hospitales públicos, y cuántos tienen obras sociales -mejores, peores, pero prepagas-? No seamos ingenuos: lo público debe ser reconstruido primero en la ciudad para poder valorizarlo. Hoy, lo público da miedo: es para los que no tienen nada más, y eso no está ni en el imaginario ni en las aspiraciones de los porteños.

Miren, seamos sinceros: lo más probable, a esta hora, es que Macri tenga a mano cuatro años más de gobierno. Como se dice en el mercado de pases del fútbol, “con opción” a más. Y eso no sucede porque los porteños son tontos, gorilas, o simplemente no nos quieren: sucede porque no les hemos ofrecido nada mejor que lo que conocen, porque los hemos tratado de tontos y los hemos hecho pagar sus elecciones. Y ahora, con toda lógica, nos la devuelven.

Fuente: Blog de Ezequiel Meler