MODELO ARGENTINO 2003 – 2011: LAS CLAVES PARA ENTENDER CÓMO SE PIENSA PROFUNDIZAR EL MODELO EKONOMICO.

Vamos a analizar cuáles serán los pasos que el Gobierno decidido profundizar, en ese sentido ha tomado la determinación de pisar el acelerador. Desde el inicio de la profundización en el 2007-2008 con la crisis del campo, el criterio ha sido siempre el mismo: “No se puede lograr lo que se hizo con buenos modales”, y esto lo señala el publicista ligado al oficialismo Braga Menéndez,. En el presente artículo se detallan ¿Cuáles van a ser los 5 frentes a profundizar?

Profundizando el modelo

¿En qué consistirá, concretamente, esta profundización del modelo eKonómico? Los funcionarios empezaron a dar pistas.

En una conferencia, el ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires, Alejandro Arlía, dio a entender que el avance estatal sobre la economía y el aumento del gasto público son percibidos como virtudes a cultivar.

Por otro lado, el director del Banco Nación, Matías Kulfas, remarcó que la sustitución de importaciones seguirá rankeando alto entre las prioridades del Ejecutivo.

Otra frase reveladora fue la del economista Axel Kicillof – técnico preferido de “La Cámpora” – y que el Gobierno designó como representante estatal en el directorio de Siderar.

“Queremos que una empresa que se dedica a la producción de insumos básicos ponga su mirada en la Argentina y no tanto en una expansión global, financiada con los dividendos que genera acá”, señaló en un programa televisivo.

Un discurso que se aleja del clásico concepto desarrollista que veía con simpatía la formación de multinacionales de base argentina y que, sin ir más lejos, es la política que sigue Brasil.

Kicillof también dejó en claro que, así como ya se hizo en sectores como en el de la producción cárnica, pretende influir para que en la industria haya precios diferencialesque favorezcan al mercado interno.

“No olvidemos que Siderar se beneficia con el récord de ventas de autos”, justifica el economista.

Pero quizás nadie haya ido tan lejos -ni haya sido tan explícito- como el viceministro de Economía, Roberto Feletti, quien reivindicó como positivo el término “populista” que los críticos usan para descalificar al Gobierno.

En polémicas declaraciones, que luego obligaron a otros funcionarios del Ejecutivo a salir al ruedo a bajarlas de tono, Feletti afirmó: “El populismo debería radicalizarse. Uno de los problemas que tuvo en otras épocas era el de no ser sustentable, ya que no podía apropiarse de factores de renta importantes. Esto es lo que cambió“.

De manera que de ser una palabra casi insultante, algo así como un sinónimo de “demagogia”, ahora este concepto ha sido reivindicado por los propios funcionarioscomo un rótulo que define al modelo económico.

Sus declaraciones impactaron no sólo por lo descarnado de su planteo sino porque últimamente venía ganando fuerza la versión de que Feletti podría ocupar el sillón de ministro de Economía, en caso de que Cristina Kirchner resultara reelecta.

Entre otros conceptos, el funcionario adelantó que en la nueva fase del “modelo eKonómico”:

  • Se incrementará el gasto público como forma de incentivar la demanda.
  • Se sostendrán los subsidios a los servicios públicos.
  • Se rechazará de plano cualquier medida antiinflacionaria que implique un ajuste.
  • Se profundizará el cierre a la exportación, en los casos en los que se considere que no hay oferta suficiente a nivel local para abastecer el mercado, sin que haya presión inflacionaria.

Pero el punto seguramente más polémico es el referido a la voluntad del Gobierno deestablecer si las rentabilidades resultan adecuadas o excesivas en cada rama de actividad.

Así, se determinará que las rentas indebidas son aquellas que se apropian de “excedentes rápidos”, como ocurre, por ejemplo, cuando hay cambios bruscos en los precios de las materias primas, donde se rumorea el avance de un nuevo marco regulatorio.

Entonces, se puede percibir que se viene una nueva etapa en la economía argentina, ansiada por unos y temida por otros: la profundización del “modelo eKonómico”, de hecho, las opiniones de analistas y politólogos concuerdan en cuanto a cuáles son sus pilares. No obstante, algo que sí está claro son las implicancias de ahondar en los actuales lineamientos de gestión.

Más concretamente, hay bastante consenso sobre los métodos de avance que indiscutible mente requieren un mayor nivel de conflicto con varios sectores de la sociedad, ya que para generar una mayor distribución del ingreso, se deberá romper con el “equilibrio” creado a partir de la inserción del sector privado en el manejo de la economía del país.

Para el Gobierno, ello será consecuencia de que “se tocan intereses” de corporaciones, monopolios o sectores con rentas extraordinarias.

En cambio, para los críticos del oficialismo, el mayor nivel de conflictividad resulta de una consecuencia natural de insistir con una política económica inconsistente, que lleva a la necesidad de avanzar sobre el sector privado. Por lo pronto, tanto desde una vereda como de otra, todos asumen como inevitable una etapa signada por mayores rispideces.

“A mí me causa gracia cuando se plantea que puede haber algún candidato con ideas económicas parecidas a las del Gobierno pero que quiere bajar el nivel de confrontación, algo así como un kirchnerismo más pacífico y prolijo”, apunta Fernando Braga Menéndez, el publicitario que condujo la campaña de Cristina en 2007, y que permanece próximo al oficialismo.

“Eso es imposible porque, justamente, la disposición de ir a confrontar fue lo que le permitió al Ejecutivo lograr una mejora de la realidad”, afirma.

El mensaje del kirchnerismo, según Braga Menéndez, es claro: “Si querés transformar la sociedad, te tenés que pelear con alguien. No se puede alcanzar lo que se logró con buenos modales, tomando el té y tratándonos con sonrisas”.

Desde la vereda de los críticos, el ex ministro Juan José Llach señala en un artículo que, entre los mutaciones más notables que ha tenido el “modelo eKonómico” -además del abandono de la holgura fiscal y la competitividad del tipo de cambio- se cuenta la mala disposición hacia las empresas.

Observa que, de tener un comportamiento favorable hacia el sector productivo se pasó a unaactitud “crecientemente ríspida, a partir del conflicto del campo”.

Por lo pronto, el escenario actual, ya con síntomas de una mayor conflictividad, muestra la siguiente fotografía:

  • Intervencionismo en la actividad privada y choques con las empresas. El decreto que aumentó la injerencia estatal en las compañías que cotizan en bolsa dejó en claro, además, la intención del Gobierno de influir sobre decisiones estratégicas, tales como dónde y cómo invertir o cuándo pagar dividendos.
  • Aumento de los controles en el mercado de cambios, a medida que el otrora mullido “colchón cambiario” empieza a adelgazar. Esto lleva a crecientes choques con aquellos que liquidan divisas (exportadores agropecuarios, mayoritariamente) y con los bancos, a través de los cuales se crean los mecanismos que permiten girar dólares al exterior, mediante el sistema de “conta con liqui”. El síntoma más evidente de esta mayor fuga es la creciente brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo.
  • Roces diplomáticos con los países socios, como está ocurriendo con Brasil -y anteriormente con China y la Unión Europea-, por el cerrojo a los productos importados, una política que agudiza cuanto menor es el saldo de la balanza comercial (ingresos por exportaciones menos egresos por importaciones).
  • Mayores rispideces por inconvenientes vinculados con la provisión energética, dada la agudización de problemas estructurales y los conflictos sindicales que afectan al sector. Escasez de nafta en las estaciones, así como cortes de gas para industrias en invierno son los síntomas más evidentes, en el marco de un fuerte retraso tarifario.
  • Creciente conflictividad sindical, como consecuencia de la “puja distributiva”. El proceso inflacionario le otorgó a los sindicatos un protagonismo político como no habían tenido en años. Y provocó una fuerte dispersión salarial, que genera frustración en los sectores rezagados. Ahora, cuando la presidenta Cristina Kirchner intenta moderar los reclamos, recibe como respuesta amenazas sobre “paralizar el país”.