“MUERTE Y RESURRECCIÓN DE KEYNES”

¿Qué es lo que tiene empantanada a la economía y le hace imposible levantar cabeza? En artículo el catedrático de Cepade Julián Pavon explica el nudo gordiano de la política económica, parte importante del problema económico que atraviesan algunos de los países europeos.

El artículo se llama “Muerte y resurrección de Keynes”, dado que algunos piensan que las ideas del economista John Maynard Keynes resucitaron con la crisis iniciada en 2008, algo que da cuenta del total desconocimiento que hay sobre la economía en general y sobre las ideas de Keynes en particular dado que la totalidad de ideas keynesianas fueron exterminadas a mediados de los años 70, sin contar con el hecho de que la principal de ellas, el bancor o moneda única para las transacciones internacionales, nunca vio la luz dado que la hegemonía estadounidense impuso al dólar como divisa internacional.

Como explica Julián Pavón, la economía keynesiana fue exterminada por la crisis petrolera de 1973, dado que esta crisis sumergió al mundo en un problema que no podía resolverse con el modelo keynesiano de la demanda. La crisis de 1973-1974, considerada una de las tres grandes crisis del siglo XX (junto a la de 1929 y la de 2008) estuvo impulsada por el aumento de los costes, algo que en la época de Keynes (murió en 1946) era inimaginable dado que los costes siempre iban a la baja por la innovación tecnológica, los nuevos descubrimientos y los progresos productivos.

Con la crisis petrolera la tendencia creciente a la reducción de costes sufrió un quiebre. Hasta entonces, la idea de infinitud formaba parte del sentido común y el concepto de escasez podía ser contrastado con la tendencia a la innovación permanente que permitía multiplicar la producción y obtener 100 de donde antes se obtenían 10. Por algo fue la época del derrumbe malthusiano dado que la producción de alimentos podía superar a la población. Esa época de abierto optimismo marcó los 30 años dorados de la economía, signados por un devenir humano altamente optimista. Keynes, incluso, imaginó que para el año 2030 bastaría con una jornada laboral de tres horas al día, dado que gran parte de los problemas estarían resueltos y las personas dispondrían de abundante tiempo para el ocio creativo. Como señala Robert Skidelsky: “Keynes subestimó el apetito por la opulencia que caracterizó al mundo desde los años 80”

Keynes murió en 1946, diez años antes de que el geofísico Marion King Hubert provocara una revolución mundial con su investigación sobre las reservas de petróleo. Hasta entonces, y por la vía de la infinitud, se pensaba que el petróleo duraría indefinidamente, y que, según la tendencia en otros ámbitos, sería muy fácil desarrollar energías alternativas sustitutas al petróleo. Sin embargo, la crisis petrolera iniciada en 1973 puso al mundo frente a frente al anunciado pico de Hubert y desde entonces todo ha sido discutir si el petróleo durará para siempre o no, pero nada concreto se ha hecho a nivel global para enfrentar seriamente el tema.

La charla de Julián Pavón nos habla de la muerte de las ideas de Keynes y de su aparente “resurrección” producto de la crisis iniciada el año 2008. A Keynes se le considera el padre de la macroeconomía moderna por incorporar los conceptos de las Cuentas Nacionales en el equilibrio económico de los países. A raíz de la Gran Depresión iniciada en 1929, Keynes estableció el concepto de la Demanda Agregada como la carta de navegación de la política económica. Su clásica fórmula ejemplifica la visión macroeconomía:

DA = C + I + G + (X-M)

Donde:

– DA es la Demanda Agregada;

– C el Consumo Privado;

– I la inversión privada;

– G el Gasto Público; y

– X-M el saldo de la balanza comercial.

Como explica Pavón, esta fórmula permitía combatir dos problemas centrales de la Economia: el desempleo y la inflación. Dos problemas que podían repercutir en crisis económicas y a los cuales había que enfrentar con decisión política dado que el mercado por sí solo no era capaz de responder o, en su defecto, podía tardar un largo tiempo en hacerlo. De ahí viene la frase keynesiana: en el largo plazo, todos muertos, para referirse a la necesidad de aplicar políticas económicas enfocadas al eje del problema. De esta forma, si el problema era el desempleo, el gobierno podía incentivar el consumo para crear más empleo a través del aumento del gasto público, de la disminución de la tasa de interés y de la reducción de los impuestos. Si, por el contrario, el problema era la inflación, había que aplicar las políticas opuestas: aumentar los impuestos, subir la tasa de interés y disminuir el gasto publico para evitar un incremento de los precios. Para la experiencia de la época, la tendencia inherente del mercado era hacia el desempleo o hacia la inflación. Si una de estas dos fuerzas presionaba hacia una ruptura del equilibrio había que rearticular políticas para volverlo a él.

Las ideas de Keynes funcionaron 30 años después de su muerte, marcando las tres décadas de oro de la economía mundial. Sin embargo, tras la crisis petrolera tuvieron un violento final dado que su modelo no daba respuesta a una crisis producto de una elevación de costes. A partir de ese momento, la receta keynesiana estándar desapareció dado que el aumento de los precios no era provocado por el clásico “tirón de demanda”, sino que era producto de un aumento de los costes y de la instauración de un cártel: el cártel petrolero de la OPEP. Hasta antes de ésto, la regla indicaba que los precios aumentaban por un aumento de la demanda, y que este aumento podía ser absorbido por la disminución de los costes. El optimismo en la innovación tecnológica y la idea de que los recursos podían extenderse al infinito es el telón de fondo del modelo keynesiano.

La crisis de 1973 fue un choque con la realidad y puso al mundo frente a frente al pico de Hubert, es decir, a la idea de que el petróleo es un recurso finito que no tiene fáciles sustitutos. Durante 150 años el petróleo había brotado casi en la superficie y a un coste bajísimo. En 1973 esta historia cambió. Y como las herramientas keynesianas estaban diseñadas para impulsar la Demanda Agregada, nada podían hacer frente a un problema de Oferta. Por eso que a mediados de los años 70 el modelo keynesiano fue reemplazado por el que tenían bajo la manga los teóricos de la oferta encabezados por Milton Friedman. La teoría de la oferta estaba centrada en la microeconomía y sostenía que el equilibrio macroeconómico se conseguía con el equilibrio simultáneo de las empresas, siguiendo la idea del Equilibrio General Walrasiano. Por eso el giro fue dar más libertad al mercado, con las ideas que más tarde fueron adoptadas por el Consenso de Washington: privatizaciones, desregulación de mercados y control de precios via política monetaria.

Con el paulatino proceso de las privatizaciones los Estados fueron mermando su capacidad productiva hasta llegar a cero. Con el progresivo desmantelamiento de los mecanismos reguladores la economía comenzó a deslizarse por un piso quebradizo hasta que este colapsó. Y así como los gobiernos no tienen ninguna capacidad real para generar empleo (algo que ha sido demostrado en estos últimos dos años, Estados Unidos apenas creó 400.000 empleos temporales para un Censo, durante dos meses), tampoco la improvisada regulación podrá restaurar lo que se destruyó a lo largo de treinta años. La economía mundial depara muchas sorpresas que, como ironía del destino, también cruzan una crisis petrolera: la actual crisis petrolera que tiene al barril sobre los 120 dólares y que puede ser un aliciente para adoptar la divisa global al estilo del Bancor de Keynes. Tal vez ahí podríamos hablar de la “resurrección” del economista británico.