PARADOJA DE ESTOS TIEMPOS: EN AÑO ELECTORAL, ARGENTINOS CAMBIAN EL “WAIT AND SEE” POR EL “GO AND BUY”

En Argentina viene registrándose un curioso fenómeno. En otras épocas, antes de los comicios, se ponía un freno al consumo. Ahora se busca sacar rédito al “efecto licuación” y la sociedad avanza en darse varios gustitos hoy, al no saber si podrá hacerlo mañana. ¿Cómo piensan optimistas y pesimistas?

Pareciera que los argentinos hicieron un “switch” mental.

Resignados a convivir con una inflación que, saben, llegó para quedarse, optaron por “hacer negocio” con ella.

En realidad, no con la suba de precios en sí, sino con los aumentos salariales de dos dígitos que -necesariamente- están atadas a ella. Claro está, mientras cuenten con la tranquilidad de saber que el dólar seguirá durmiendo la siesta.

Así, quienes están dentro del sistema formal -y gozan de la ventaja de tener salarios que se indexan periódicamente- experimentan la “ilusión monetaria” de sentirse más ricos.

Es cierto que esta sensación de riqueza sólo se da en términos nominales ya que, en términos reales, tales incrementos se irán licuando al poco tiempo con la suba de precios. Pero también es verdad que el primer impulso los lleva a ir de shopping y a ampliar sus fronteras de consumo, a la espera de una nueva ronda de ajustes.

Y esta maquinaria “K”, tan tentadora como peligrosa, ha doblegado las advertencias de los analistas que vaticinaban un enfriamiento de la economía para 2011.

El clima de confianza está por las nubes. Y pareciera que nada lo detendrá, contrariamente a lo que ha sucedido en las últimas elecciones presidenciales que le ha tocado vivir al país.

Tal es así que las encuestas marcan una predisposición inéditamente alta para la comprade bienes durables.

La realidad parecería indicar que a los argentinos les preocupa la inflación pero no se sienten demasiado incómodos.

En rigor de verdad, les inquieta mucho más mantener el empleo, que es el que lesgarantiza seguir pedaleando la rueda de “ir de compras, esperar un nuevo aumento salarial y licuar deuda”.

Así las cosas, se hacen de los bienes, los disfrutan, viajan al exterior y adquieren autos, concientes de que estas cosas se incrementarán mucho más que el dólar y el plazo fijo.

Pero, además de ello, se da un fenómeno bastante curioso en este año electoral: como no saben por cuánto tiempo se mantendrá el actual escenario, aceleran aún más el “efecto licuación”.

Es decir, optan por darse todos los gustitos ahora, al no saber si lo podrán hacer más adelante.

Por esta razón, ese “wait and see” (esperar y ver) -que ha sido el típico comportamiento antes de los comicios- lo han transformado en un “go and buy” (ir y comprar).

Históricamente, las elecciones marcaban lo opuesto a lo que está sucediendo hoy día.

Es decir, en el “obligado” tiempo de espera, las familias no se arriesgaban a endeudarse, los ahorros se dolarizaban e iban al colchón y los consumos caros eran postergados, hasta ver cómo se definiría el panorama político.

En cambio, el clima de este año, marcado por un empuje consumista, en poco se parece al de las últimas votaciones.

Sin freno
Todas las semanas se acumulan indicadores que apuntan a un sostenido nivel de actividad comercial, dan cuenta de récords de ventas de distintos productos y reflejan el buen clima de confianza.

Al respecto, la última encuesta de la Universidad Católica ubica a las expectativas económicas en el nivel más alto de los últimos tres años.

 



Y los primeros indicadores de ventas confirman lo que dicen las encuestas.

 

 

Autos: en enero se patentaron 100.000 vehículos, lo que constituyó un récord. “Todo apunta a que el 2011 será un año que quedará en la historia”, destaca Dante Alvarez, presidente de la asociación de concesionarios.

Viajes: según estimaciones del sector, este verano se superó la marca del año pasado, cuando unos cinco millones de argentinos viajaron al exterior, y los registros se ubican en niveles similares a los del uno a uno. “El crecimiento en la venta de paquetes turísticos al Caribe y Brasil creció en el orden de 40%, más que la recaudación”, señaló el titular de la AFIP Ricardo Echegaray en diciembre. Y reconoció que el alza en viajes había superado al de todas las actividades.

Tarjetas: en el último año, tal como diera cuenta este medio, se sumaron al mercado 4 millones de nuevos plásticos al mercado. Un registro nunca visto antes. Desde las propias entidades dan cuenta de que lejos de pisar el freno por cuestiones electorales, la carrera se acelerará: “Vamos a ver una fuerte competencia entre los bancos en el área de tarjetas, y nosotros estamos dispuestos a pisar a fondo el acelerador para ganar terreno”, sintetiza Sergio Kahan, gerente de tarjetas del Banco Galicia.

Préstamos: en enero se registró un aumento del 40% en los créditos que otorgan los bancos. El rubro de las tarjetas fue el que mostró mayor dinamismo.

Licuación a fondo
En este contexto, queda en evidencia que el vigor del consumo ya excede claramente el mero “efecto rebote” y está obligando a los analistas más escépticos a revisar sus pronósticos de enfriamiento.

“La verdad es que estoy sorprendido. Yo era de los que esperaba un amesetamiento en la actividad y en el consumo. Pero las cifras de los últimos meses me llaman la atención”, admite Luciano Cohan, ex economista jefe de Analytica y actual consultor independiente.

“El panorama que muchos esperaban para este momento era de estanflación. Pero estamos viendo que más bien se trata de un crecimiento acelerado con inflación“, agrega Cohan que, de todas formas, es crítico sobre el modelo porque considera que lo que se está haciendo es “adelantar para hoy el crecimiento futuro”.

En una línea similar, Miguel Kiguel, desde la consultora Econviews, ratifica su convicción de que “en el largo plazo esta estrategia conlleva una dinámica que será insostenible“, pero que “hoy resulta muy útil para promover el consumo en el corto plazo y, por ende, muy atractiva para el Gobierno de cara a las elecciones”.

En definitiva, lo que los analistas creen es que, en aras de mejorar el humor social en la campaña electoral, el Gobierno hará todo lo contrario a las recomendaciones clásicas.

En otras palabras, que aprovechando la bonanza de los mercados internacionales, pasará otro año en el que no se moderará el gasto públicono se sincerará el costo de las tarifas, no se priorizará la lucha contra la inflación, no bajarán los subsidiosno se moderarán las subas nominales de salarios.

El optimista consume, el pesimista también
¿Quién es el que explica este revival consumista que se da en la Argentina como pocas veces se ha visto?

¿El optimista, que gasta porque tiene fe en el futuro? ¿O el pesimista, que se da todos los gustos hoy, pensando que quizá no lo pueda hacer mañana? La realidad indica que, a diferencia de otros momentos que vivió el país, es una mezcla de los dos.

“Aunque parezca raro, ambas posturas encuentran un incentivo para consumir. Porque cada uno mira una cosa distinta. El que es optimista ve su flujo de ingresos crecer más rápido que el dólar, mientras que el cree que inevitablemente llegará un ajuste se apura a viajar o a comprar ahora, porque duda que pueda hacerlo luego”, argumenta Cohan.

No obstante, tanto quienes se muestran más confiados como aquellos que no, comparten una conducta en común: no están comprando dólares en la medida en la que lo hacían antes.

El nivel de adquisición por parte del público minorista se mantiene relativamente bajo, más aún teniendo en cuenta los parámetros argentinos para un año electoral.

Ramiro Castiñeira, economista jefe de la consultora Econométrica, destaca que, si se proyectara el nivel de salida de capitales de los últimos cinco meses, daría para 2011 una cifra inferior a los u$s11.000 millones que se fugaron en 2010.

“Salvo que ocurra algo imprevisto en el contexto internacional, todas las condiciones están dadas como para que los argentinos mantengan alto su nivel de consumo y tengan pocos incentivos para volcarse al dólar”, analiza Castiñeira.

“A esta altura, si la divisa estadounidense termina el año en un nivel de $4,20 o de $4,40 ya da lo mismo. La diferencia entre la inflación y la devaluación es tan grande que el estímulo para consumir no se va a alterar“, agrega.

Y para reforzar su argumento sobre la apatía que despierta el billete verde destaca el hecho de que en enero ingresaron unos $2.700 millones a los depósitos de plazo fijo.

En el mismo sentido, el economista Miguel Bein considera que “pareciera que nos aprestamos a vivir la primera transición política en décadas sin la espada de Damoclesde la devaluación, el default o la hiper”.

“Para que haya un enfriamiento ostensible en la demanda interna, se necesitaría una fuga de capitales en torno de los u$s2.000 millones por mes, algo que no ocurre desde el conflicto entre el Gobierno y el campo en 2008”, apunta Fernando Marengo, economista jefe del Estudio Arriazu.

La clave: el empleo
Lo que resulta claro entonces es que ni la inflación, ni el dólar, ni el ruido que provoca una dura campaña electoral pesan tanto en el ánimo de los argentinos como conservar el empleo.

Al respecto, un sondeo de la consultora Poliarquía, orientado a medir el ranking de preocupaciones dio cuenta de que, a pesar de que hay una percepción de fuertes aumentos de precios, este indicador no se encuentra entre los principales temores.

El podio lo ocupa la inseguridad, seguido del desempleo, la pobreza y la desmejora en la educación.

“Da para pensar que con tasas de desempleo de un dígito se lo considere un problema más grave que la inflación, que tiene tasas del 25%”, comentó Alejandro Catterberg, director de Poliarquía.

De manera que, con esta particular “estabilidad inflacionaria” que vive la Argentina, el consumo esaría casi asegurado.

Y hasta hay un factor que parece neutralizar los eventuales miedos de una campaña electoral agresiva: los aumentos salariales surgidos de las negociaciones paritarias tendrán su máximo efecto justo en los meses finales de la campaña.

La contracara de este año raro puede ser el 2012. Al contrario de lo que habitualmente solía ocurrir (siempre el primer año de un nuevo Gobierno implicaba un “shock de confianza”), ahora muchos lo ven como un año duro, con un ajuste inexorable.

Pero para eso falta un año. Y en la Argentina de hoy, eso es hablar de largo plazo.