CON EL SELLO DE “GARANTÍA OFICIAL”, ARGENTINOS RECIBEN UNA NUEVA INVITACIÓN PARA LA GRAN FIESTA CONSUMISTA

La propia presidenta, Cristina Kirchner, se ocupó de “mandar las invitaciones”, al dejar bien en claro cuál es el escenario que le deparará a la sociedad en 2011. En pleno proceso electoral, el Gobierno extendió un “seguro de cambio”, con garantía a un año. Claves para entender el actual contexto.

Una sucesión de hechos ocurridos en los últimos días terminó de despejar las dudas sobre cuál será la tónica de 2011 en materia económica.

Y confirmaron lo que algunos analistas ya sospechaban: lejos del temor y la cautela que caracteriza a los tiempos electorales, éste será un año en el que los argentinos no perderán su pasión por ir de “shopping”.

Hasta hace poco, tal pronóstico sólo se sostenía en la percepción de un clima favorable, necesario para mantener el boom consumista.

Pero ahora, se agregó un nuevo condimento: que contarán con el sello de “garantía oficial” impuesto por el Gobierno.

Y las razones que lo sustentan son varias.

En primer lugar, por lo sucedido con un acuerdo salarial clave -que siempre es tomado como referencia- y que ya dejó marcado a fuego las futuras negociaciones que llevarán a cabo las distintas ramas de actividad: el de los docentes.

¿Por qué? Porque ahí es donde el propio Estado (en su rol de contraparte ante los sindicatos) dio luz verde y se encargó de fijar un piso de suba cercano al 30% (27% más beneficios).

Y este “mensaje” ya ha sido decodificado por los empresarios como un guiño del Ejecutivo para que los ajustes salariales del sector privado se ubiquen en cifras cercanas a ese incremento.

“Si las propias autoridades aceptan implícitamente una inflación superior al 25% y negocian cerca de un 30%, entonces a los empresarios no nos quedan en pie muchos argumentos como para ofrecer cifras inferiores”, reconocía días atrás, off the record, un dirigente de empresas del sector comercio a iProfesional.com.

En segundo término, las propias declaraciones de la presidenta, Cristina Kirchner, en el Congreso.

La primera mandataria se ocupó personalmente de sepultar las posibilidades de una reacción alcista del dólar. Y dejó bien en claro que la argentinos, al menos en 2011, contarán con un “seguro de cambio” como regalito preelectoral.

Aseguró que el billete no se va a mover demasiado del lugar en donde está ahora: “Desde algunos sectores empujan devaluaciones, pero el Gobierno no va a someterse a presiones de ninguna naturaleza. Sabemos a quién beneficia y a quién perjudica”, sentenció Cristina.

En buen romance, esta “Garantía K” -extendida por un año– que asegura aumentos salariales a tasas chinas – que cerrarán en cifras cercanas al 30% – y un billete verde anclado no hacen más que presagiar lo que viene.

Esto es, una sociedad que verá cómo sus salarios, medidos en dólares, irán escalando a pasos agigantados, muy por encima de los de cualquier país de la región.

A estos dos lubricantes del engranaje kirchnerista -necesarios para mantener aceitada la maquinaria consumista- se suma un tercero. Pero éste quedará a cargo de Mercedes Marcó del Pont, que se ocupará de inyectar al mercado la cantidad de billetes que resulte necesaria.

Por eso su programa de expansión monetaria para 2011 da cuenta de una tasa de crecimiento del dinero circulante en manos de los argentinos del 40 por ciento.

“En verdad, el Banco Central armó un programa compatible con aumentos salariales de 35%”, afirma Eric Ritondale, analista de la consultora Econviews.

En otras palabras, si la economía crecerá en torno al 6% pero el dinero en circulación lo hará al 40%, es de esperar un fuerte crecimiento nominal de los salarios, que acompañarán a los aumentos de precios.

“Esta expansión de dinero demuestra que la preocupación del Central no está centradaen mantener la estabilidad de la moneda sino en convalidar la aceleración inflacionaria, en pleno año electoral”, advierte Miguel Kiguel, director de Econviews.

Anuncio oficial para los argentinos
La confirmación de un dólar que se deslizará a un ritmo inferior al 10% anual, mientras la inflación real trepa a una tasa cercana al 25% implica un mensaje bien claro del Gobierno a los argentinos.

Con “billeteras verdes” más gordas, la compra de artículos nacionales seguirá a la orden del día, los productos importados continuarán abaratándose y el viajar al exterior se tornará cada día más accesible.

Pero además, la ratificación implícita de que las subas salariales seguirán siendo muy altas (de hecho, el piso se corrió unos 5 puntos respecto al 2010) implica, para aquellos que compren a crédito, que podrán seguir gozando del “efecto licuación”.

Esto es, que las “cómodas” cuotas fijas que se ofrecen en la compra de artículos durables se vayan diluyendo en proporción al salario.

“Lo que se está haciendo es ratificar un modelo en el que se alienta el mito de la mejora en el ingreso y se prioriza el consumo en el corto plazo”, analiza Ricardo Delgado, economista jefe de Analytica.

Pero no sólo la clase media será beneficiaria de la “garantía oficial” para el consumo.

En la base de la pirámide, el sector de menores ingresos recibirá una inyección adicional de fondos por la vía de los programas de asistencia social.

Un boom paradójico
Tal vez, lo más paradójico del contexto actual es que, cuanto más fuerte son las señales de que la inflación seguirá alta, mayor resulta la predisposición para comprar bienes.

Una vez más, se refuerza el fenómeno que algunos economistas han bautizado como “fuga hacia el consumo” (en contraposición a tiempo atrás, cuando el indicador que marcaba la agenda de analistas y empresarios era el de fuga de capitales).

Esto es lo que explica esa aparente contradicción por la cual mientras los argentinos mantienen una fuerte expectativa inflacionaria (del 33%, según el último sondeo de la Universidad Di Tella), en forma simultánea muestran una fuerte disposición para el consumo de bienes durables.

Las investigaciones marcan que, en este aspecto, actualmente se registra uno de los mayores índices históricos. Y las cifras parecen darle la razón a estos sondeos:

  • En el arranque del año, las ventas de los comercios minoristas crecieron un 8,5% real (es decir, no en pesos sino en volúmenes) respecto del primer bimestre de 2010.
  • La encuesta de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa revela un nivel de actividad comercial que superó las expectativas.
  • El rubro electrodomésticos, que en febrero creció casi 12%, sigue liderando el crecimiento. Y parece desmentir los pronósticos que daban cuenta de un enfriamiento en ventas pasado el “efecto LCD”.
  • En el primer bimestre del año se patentaron un 33% más de vehículos que hace un año. Y lo destacable es que ahora la comparación ya no se hace contra el recesivo 2009, sino contra el “chino” 2010.

El dólar barato ahora es bueno
El discurso de la Presidenta también refleja un cambio de visión respecto de la política cambiaria.

Si antes el dólar alto era visto como algo deseable, porque permitía la reindustrialización,ahora es “estigmatizado” como algo negativo para los asalariados.

Al fustigar a “algunos sectores que empujan devaluaciones”, Cristina dejó entrever que los efectos de un alza no benefician a todos por igual.

Para el consultor y ex viceministro Orlando Ferreres, las palabras de la Presidenta denotaron “la confirmación de un cambio en las bases del modelo. Antes éste se sustentaba en un tipo de cambio alto y superávit fiscal. Ahora es claro que estos componentes no son los más importantes”.

En este sentido, señala que, sin mencionar explícitamente a la inflación, el discurso confirmó que el dólar “planchado” es priorizado como la principal herramienta anti-inflacionariade la política oficial (entendiéndose como tal que los precios no se disparen aún más de lo que sucede en la actualidad).

Delgado, por su parte, destaca que “también parece confirmarse el congelamiento tarifario en los servicios públicos, al menos en Capital y la provincia de Buenos Aires”.

Sucede que, por el efecto de la inflación, las tarifas cada vez representan un gasto menor en el presupuesto familiar, lo que implica otro elemento más que exacerba el consumo.

Humor social sobre ruedas
Claro que no alcanza sólo con declaraciones oficiales para que los argentinos se muestren confiados a la hora de consumir.

Los expertos siempre resaltan el hecho de que, más que cualquier otra variable, la condición fundamental para motorizar la demanda interna es la sensación de estabilidad en el empleo.

Es por ello que, según las encuestas, el “ranking” de temores de los argentinos es liderado por la preocupación asociada a quedarse sin trabajo, mientras que la inflación ocupa recién el sexto lugar.

Y las cifras también en este campo juegan a favor del boom de consumo (en el último trimestre de 2010, la tasa de desocupación logró descender y ubicarse en un 7,3%).

En este contexto, el récord automotor es visto por los analistas como un fuerte síntoma sobre el humor de la sociedad.

Guillermo Oliveto, director de la consultora Cuore e investigador de temas sociales, lo expresa así en un artículo: “En una sociedad que construyó su identidad bajo la impronta de la movilidad social ascendente, el 0km -símbolo por antonomasia de la autonomía de movimiento- tiene múltiples significados, pero hay uno que sintetiza todos los demás: ‘Llegué'”.

Para Oliveto, ningún análisis sobre la coyuntura electoral puede obviar un dato de tanta relevancia.

El termómetro verde está tranquilo
Con estos datos, todo lleva a pensar que el mercado decodificó los mensajes políticos en la forma buscada por el Gobierno.

En otras palabras, que nadie pone en tela de juicio la promesa presidencial de que no habrá devaluación.

¿Es realmente así? Una de las medidas clásicas para saberlo es la compra de dólares por parte de los ahorristas.

El nivel de fuga, para los parámetros argentinos, y teniendo en cuenta que es un año electoral, está relativamente bajo.

La compra de los últimos meses se movió en torno de u$s700 millones en promedio, un nivel compatible con un consumo alto.

Fernando Marengo, economista jefe del Estudio Arriazu, estima que “para que haya un enfriamiento ostensible en la demanda interna, se necesitaría una fuga de capitales en torno de u$s2.000 millones por mes, algo que no ocurre desde el conflicto entre el Gobierno y el campo en 2008 o durante la crisis financiera global de 2009″.

Pero también es cierto que, ante los mayores controles en la compra de divisas, el dólar paralelo o “blue” registró una fuerte suba en las primeras semanas del año, llegando a cotizar a $4,19.

Sin embargo, el principal temor de los economistas no viene de la política doméstica sino de lo que ocurra en el exterior.

“La frase de Cristina da a entender que se agranda la dependencia respecto de lo que ocurra fuera del país. Porque el motivo por el que la industria puede mantenerse es el encarecimiento de Brasil, mientras que el sector rural se sostiene por los altos precios del mercado internacional. Cualquier cambio en esos dos temas nos obligará a devaluar inevitablemente”, indica Ferreres.

De momento, ninguno de esos escenarios planteados por Ferreres parece factible en el corto plazo.

Pero claro, no hay que olvidarse de que, cuando se trata del precio del dólar, las expectativas del público argentino pueden ser volátiles.

De momento, los indicadores muestran que la sociedad aceptó y compró el “sello de garantía oficial” que el Gobierno le extendió -al menos por un año- para que continúe con su fiesta consumista.