¿CARO O BARATO?: EL DÓLAR “BIPOLAR” ENFRENTA A LOS ANALISTAS Y DIVIDE LAS AGUAS EN LA CLASE MEDIA

¿Usted está comprando dólares, o piensa que ya no será más negocio? Algunos expertos señalan que dejó de ser un problema para el país. Otros advierten que se está gestando un peligroso escenario. Entre estas dos posturas, un “referí” será quien decida si puede permanecer quieto y por cuánto tiempo.

El saber identificar cuándo un bien está muy barato como para comprarlo, el adquirirlo, y luego distinguir cuál es el momento ideal para venderlo es una especie de “don” que ha permitido que muchas personas -que arrancaron sin un buen pasar económico- hayan amasado grandes sumas de dinero.

No está escrito en ningún libro. Es una cuestión de olfato y de timing que algunos tienen más desarrollados que otros.

Incluso, a muchos de ellos se los conoce como los “inversores contrarios“, porque suelen ir a contramano del resto. Compran cuando el resto vende y venden cuando el resto compra.

Saben mirar a largo plazo y actúan en consecuencia. Y si observan que un activo tiene tendencia a la suba comienzan a hacerse de ellos, aunque les represente una pérdida en el corto plazo.

Además, cultivan otra virtud: la paciencia. Es decir, esperan todo el tiempo que sea necesario para que se concrete el ciclo que es el que finalmente les traerá las ganancias que supieron esperar.

A esta altura del partido, vale la pena preguntarse: estos inversores, que se mueven a contracorriente, ¿estarán comprando dólares, mientras el resto de la sociedad sigue “distraída” con el boom de consumo?

• Si su percepción coincide con las de aquellos que dicen que el billete verde ya dejó de ser una mercancía escasa en el mundo, y que no se recuperará, probablemente no.

• Si su olfato los guía a pensar que su actual cotización “cuasifija” no resistirá a mediano plazo -frente a una inflación de casi 30%- y perciben que, tarde o temprano, el ajuste será inevitable, seguramente sí.

¿Y por qué ahora es un buen momento para volver a analizar qué sucederá con la divisa norteamericana?

Sencillamente por la “bipolaridad” que presenta hoy en día. Porque el “caro o barato” depende más que nunca del anteojo con que se mire la realidad y si se hace foco en el corto, mediano o largo plazo:

• El Gobierno afirma que está caro y que si no fuese por su intervención en el mercado, debería estar por debajo de los $3,00. En la misma línea están quienes piensan que la lluvia de dólares, producto de la soja, llegó para quedarse un largo rato. Y que no se dará un fuerte cambio en el contexto internacional.

• También está la otra mirada. La de analistas y ex ministros. Sostienen que si bien es verdad que se está apuntalando su cotización para que no caiga en el corto plazo, señalan que también es cierto que, a mediano plazo, está inevitablemente condenado a sufrir un ajuste alcista. Sencillamente, creen que se está gestando una “bola de nieve” y temen por elatraso cambiario. Advierten del encarecimiento del país en dólares y de sus consecuencias: la invasión de artículos importados y la pérdida de competitividad, que hace cada vez más cuesta arriba vender productos argentinos al mundo.

Y lo cierto es que hay argumentos que validan la postura de esta “bipolaridad”.

• Si se considera el célebre “índice Big Mac“, entonces debería subir a $4,30. Incluso, si se le pregunta a los industriales, dirán que se necesita un valor aún más alto que ese para recuperar la competitividad perdida, en un país que muestra a varias ramas de actividad concostos laborales superiores a los del 1 a 1.

• Si se observa uno de los indicadores preferidos del Gobierno, la cuenta corriente (que mide el saldo entre los dólares que entran y los que salen del país), la divisa estadounidense no sólo que debería quedarse donde está sino que, además, cuenta con margen para bajar, dado el superávit de billetes verdes.

Bipolaridad verde
Es en esta última línea de razonamiento que la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, sostuvo que, si no fuera por su intervención cotidiana en el mercado cambiario, la paridad del dólar se habría desplomado hasta un nivel de $2,82.

Más allá de una u otra postura, hay un punto que nadie discute. Sea alto, mediano o bajo, su precio viene cayendo aceleradamente en términos reales.

De hecho, tal como diera cuenta iProfesional.com, el peso argentino fue la moneda que más se apreció en el mundo.

En efecto, la fuerte inflación anual que castiga a la Argentina -del orden del 25%- generó que la divisa local, a pesar de haberse devaluado en términos nominales, haya finalizado 2010 con una apreciación real del 15%.

Esto lleva a una cuestión crucial de la economía argentina: ¿cuánto tiempo más puede sostenerse un “modelo” en el que la inflación se ubica sistemáticamente encima de 20% y el tipo de cambio se desliza por debajo del 10%? Y aquí entra nuevamente a jugar su “bipolaridad”.

1. Dólar barato y condenado a la suba
No son pocos los analistas que pronostican que los argentinos emitirán su veredicto. Y lo harán de la forma en que tradicionalmente lo han hecho: comprando dólares.

En este sentido, el polémico y controvertido ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, señala que, inevitablemente, llegará un punto en que la gente percibirá la posibilidad de una devaluación e intentará cubrirse.

“Lo ha hecho muy frecuentemente en el pasado y no va a dejar de hacerlo ahora, cuando ve que todo parece estar muy caro en dólares“, señala.

Y su predicción es que, cuando ello ocurra, “no se producirá una devaluación en el mercado formal; pero sí en el paralelo“.

“En otros términos, se generará un brecha entre el mercado oficial y el paralelo, tal como ocurría casi permanentemente durante la década de los ’80, cuando convivía la alta inflación con el control de cambios. Y tal como viene ocurriendo en Venezuela desde hace varios años”, destaca el ex ministro, muy criticado por buena parte de la sociedad y respetado en su visión técnica por otra.

También otros economistas de peso como Carlos Melconian y Ricardo López Murphy ya advierten de que la sociedad irá volcándose progresivamente a la divisa estadounidense. Y temen por las consecuencias que generará el atraso cambiario, al que ubican como “el” tema que marcará la agenda de los próximos meses.

2. Dólar caro y fuera de agenda
Quienes argumentan que el dólar dejó de ser un problema para los argentinos exhiben también argumentos de peso.

Y sustentan sus fundamentos en dos cuestiones: en primer lugar porque llueven billetes, gracias a la venta de soja. En segundo término, porque las economías más desarrolladas no han podido recuperarse y eso hace que lleguen más capitales a la región.

Sobre estas dos cuestiones, el economista Miguel Bein destaca dos puntos clave:

• Respecto al destino de la divisa afirma: “Habrá dólar débil por un buen tiempo, porque si bien es visible una recuperación de Estados Unidos, la misma es lenta”.

• En relación a la lluvia verde que trae la soja sostiene: “Lo que está sucediendo es unfenómeno estructural. La Argentina, desde 1914 hasta 2001, siempre produjo lo que no se podía vender a otros países. La oferta agropecuaria era rígida. No aumentaba, porque el mundo no demandaba lo que se generaba. Esa situación es la que hoy por hoy se terminó“.

Y este “aluvión verde” que beneficia al país es el que le permite que pueda manejar lacotización “a piacere” y con mayor displicencia.

Defectos que se compensan con virtudes
La pregunta del millón es cuál de las dos posturas se impone sobre la otra.

Y la respuesta es una combinación de ambas. Vale decir:

• Es verdad que la inflación dejó rezagado el valor del dólar, habida cuenta de que el modelo “k” inicial siempre hizo alarde del tipo de cambio alto.

• Es cierto que el atraso cambiario será uno de los temas dominantes en la agenda 2011. Y se hará sentir con mayor fuerza cuando él índice inflacionario, estimado en 25%, profundice la actual distorsión en los precios relativos.

Pero también sucede que este atraso en el tipo de cambio se ve compensado por ladebilidad del dólar en el mundo y porque la Argentina cuenta con un aliado que le asegura caja: la soja.

En definitiva, los “defectos” que generan unos efectos quedan en buena parte compensados por las “virtudes” que generan los otros.

Brasil, ¿el árbitro para el “caro o barato”?
Entonces, ¿vendrá o no la corrección tan temida? ¿Se dará ésta en el corto plazo?

La respuesta a esta pregunta puede que no esté ni en la inflación, ni en el atraso cambiario, ni en la lluvia de billetes que genera la soja.

Aquello que puede alterar el actual escenario de calma, que obligue al Gobierno a devaluar más rápido e induzca a los argentinos a volcarse por el dólar tiene nombre y apellido: Brasil.

En efecto, si el Gobierno de la flamante mandataria Dilma Rousseff -ante la fortaleza que exhibe hoy el real- decide devaluar, como ya ocurrió en otra oportunidad, muchos empresarios argentinos quedarán contra las cuerdas y los tiempos para que el billete verde abandone la siesta a nivel local y comience a caminar más rápido se acelerarán.

¿Comprar o no comprar?
En el medio de este debate se encuentran los argentinos de a pie, esos que no leen las noticias financieras día a día pero son los que, con sus decisiones diarias, determinan cómo se moverán las variables.

Así, mientras existe una parte de la sociedad que sigue comprando divisas (de hecho, la fuga de capitales en 2010 alcanzó los u$s11.000 millones), otro segmento de la población se entregó alegremente a la fiesta consumista.

No falta quienes adivinan que tras estas diferentes actitudes pueda haber una cuestión generacional: quienes peinan canas y tienen un recuerdo vívido de los años de hiperinflación y devaluaciones crónicas son más renuentes a confiar en un dólar barato eterno.

Saben que, en algún momento, inevitablemente sobrevendrá un ajuste. Y no abandonan sus viejas costumbres.

Desconfían de esta Argentina, transformada en la nueva “Disneylandia del consumo”. Y sustentan sus temores en la experiencia de saber que el país siempre ha sido “ciclotímico“.

Claramente, a esta porción de la población que gracias al dólar pudieron “surfear” otras crisis y encontraron en él una tabla de salvación, poco le importa si en este 2011 deben resignarse a que la divisa no sea negocio.

Apuestan a más largo plazo, y continúan con su trabajito de hormiga de ir comprando, aunque sea, de a un billete de u$s100 por mes.

En el fondo creen que Cavallo está acertado en su pronóstico y que, tarde o temprano, inevitablemente, sobrevendrá una brusca corrección. Y ahí es donde confían en recuperar el “tiempo perdido”.

Los de menor edad, que no vivieron los momentos difíciles de la híper, ni se identifican con la época de “tablitas”, ni con aquella de la plata dulce, tienen otro enfoque y otra proyección.

No es que les resulte indiferente la estabilidad cambiaria. Al contrario, dependen de ella para seguir consumiendo. Ocurre que en su escala de prioridades, la acumulación de billetes verdes pierde posiciones frente a la adquisición de bienes durables.

Respecto de cuál será “el momento del clic”, los analistas plantean que ocurrirá cuando los incentivos que tiene el Gobierno para mantener al dólar planchado empiecen a cambiar.

“Eso comienza a darse cuando la falta de competitividad y las expectativas de una devaluación empiezan a ser fuerzas recesivas”, analiza Lucas Llach, investigador de la Universidad Di Tella, que, de todas formas, cree que ésto no ocurrirá en el corto plazo.

Otro punto en el que los economistas coinciden es que, aun si realmente se necesitara hacer un ajuste, el Gobierno podría darse el lujo de aguantar un año y avanzar en esta dirección recién después de las elecciones.

En definitiva, ningún candidato oficialista ganó un comicio si no llega a esa fecha con el billete verde domado.

La conclusión, pues, es que ambas partes pueden sentirse en derecho de actuar según sus instintos.

Quienes compran dólares por convicción y aquellos que, por el seguro de cambio que ofrece el año electoral, aprovechan para equiparse tecnológicamente, viajar y darse los gustos.

La “bipolaridad” del billete le sienta bien a los dos grupos. Al menos este año, ambos están contentos.