LA PARADOJA DEL DÓLAR: POR QUÉ SI ESTÁ “MÁS BARATO QUE NUNCA”, LOS ARGENTINOS NO VAN A LAS CASAS DE CAMBIO

Los salarios crecen a tasas de dos dígitos y el billete verde permanece casi inmóvil. De este modo, cada día resulta más accesible para el bolsillo de la clase media. Sin embargo, los ahorristas continúan dándole la espalda. ¿Se olvidaron para siempre de su “amigo fiel” o están “madurando el clic”?

¿Los argentinos se olvidaron del dólar? Parece raro, pero a primera vista la conclusión podría ser esa.

Porque la compra de billetes verdes sigue a la baja, en notable contraste con lo que ocurre en los comercios, que esperan otro año de boom de consumo y nuevos récord de venta.

Con una cotización que apenas se movió un 5% durante todo el año pasado y hoy está clavada en los $4, el dólar parece haber perdido su atractivo, tanto para aquellos que lo ven como una opción de inversión como para quienes buscan en él un refugio.

Tal es así que, según estimaciones privadas, en el último trimestre de 2010 la compra de divisas giró en torno de los u$s2.000 millones, una cifra que a un extranjero podría parecerle alta, pero que para los parámetros locales es llamativamente baja.

Basta recordar que en momentos recientes de incertidumbre política (como lo fue el conflicto con el campo) se habían producido fugas de hasta u$s2.700 millones en apenas un mes.

¿Será que el público comparte la percepción de la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, para quien si las autoridades no intervinieran en el mercado, su cotización se desplomaría a $2,80?

Los analistas críticos a la política oficial afirman que, lejos de estar de acuerdo con esa visión,los argentinos ven al dólar “muy barato” y que, en algún momento, actuarán en consecuencia. Es decir, incrementarán la compra de divisas.

En buen romance, el Gobierno afirma que si no actuara, el billete verde tendría tendencia bajista, mientras que, por otro lado, buena parte de la sociedad piensa que el derrotero de la divisa tendrá indefectiblemente que ajustarse a la suba.

Entre quienes defienden esa tesis se encuentra el ex ministro de Economía Domingo Cavallo, quien advierte: “Estamos cerca del momento en el que la gente va a esperar que el peso sufra una fuerte devaluación”.

Y argumenta que, si no fuera así, las autoridades no estarían imponiendo trabas a la salida de dólares por la vía de las importaciones y de compra de billetes.

“Estoy seguro que si eliminaran los controles de cambio, el Banco Central dejara de comprar dólares, pero siguieran anunciando que van a emitir pesos a más del 30% anual, el precio de la divisa lejos de bajar a 2,80, como dice Marcó del Pont, probablemente comenzaría a dispararse hacia arriba“, afirma el controvertido ex funcionario.

Tiempo atrás, economistas de la talla de Ricardo López Murphy, por ejemplo, pronosticaban que sobre el final de 2010 se produciría una fuerte dolarización de los ahorros familiares.

El argumento sonaba lógico y difícil de refutar: “Ante una tasa de devaluación que va mucho más lenta que la suba de precios, con más razón el público tenderá a pasarse al dólarporque lo verá barato“.

Pero eso no ocurrió, ni siquiera ante el shock político que causara la muerte de Néstor Kirchner y ante las cercanías de una campaña electoral con resultado incierto.

Todo ello más allá de un contexto que tiene como eje central una inflación cercana al 30% y tasas de interés reales negativas.

Es más, cuando se interroga a los analistas sobre cómo evolucionará la fuga de divisas, la mayoría cree que -de momento- la calma continuará. Y la compra no variará demasiado respecto del actual nivel, que se ubica en torno de los u$s600 millones por mes.

“No hay ningún síntoma que evidencie una aceleración de la salida de capitales, aún frente a un mayor ruido electoral. Así, pareciera que nos aprestamos a vivir en 2011 la primera transición política en décadas sin la espada de Damocles de la devaluación, el default y/o la hiper”, afirma Miguel Bein, uno de los economistas más escuchados en la escena financiera.

Su argumentación es que el entorno global sigue jugando a favor de la Argentina, y que éste provee “colchones” que, si bien se están achicando, impedirán cualquier cambio abrupto de escenario.

Madurando el clic
Mientras tanto, la contracara de la indiferencia que los argentinos muestran hacia quien durante muchos años fuera su “amigo fiel” es el incremento del dinero depositado en bancos e invertido en bonos, así como la continuación del boom consumista (que se refleja en una suba de casi el 40% en las ventas en los shopping centers).

Los analistas afirman que hay una explicación racional para este comportamiento.

“El motivo por el cual hoy los argentinos se muestran dispuestos a llevar sus pesos al banco es porque les pagan, por un plazo fijo, una tasa del 12%. Como la devaluación es muy inferior a eso, se hacen de una buena ganancia y en dólares“, analiza Fernando Marengo, economista jefe del Estudio Arriazu.

“Va a continuar así mientras sigan convencidos de que el billete está controlado, y eso es algo de lo cual el Gobierno da seguridad porque tiene muchas reservas. El día en que se sospeche que la devaluación puede ser más alta, van a pedir una mayor tasa de interés. Y si no se las dan, ahí se van a volcar al dólar”, argumenta.

En cuanto al riesgo político, algunos ven que un año electoral, lejos de aportar incertidumbre,implica un “seguro de cambio” en el corto plazo, porque se buscará transmitir una percepción de estabilidad.

“Por ser un período pre-electoral el dólar no se moverá. El Gobierno privilegiará al salario sobre la competitividad. Y si llegara a haber algo más de demanda, están todas lascondiciones como para mantener la paridad sin contratiempos”, aporta Marina Dal Poggetto, economista del Estudio Bein.

Y respecto del abaratamiento del dólar, también en este punto hay carencia de incentivoscomo para que se dé una corrida bancaria.

Lucas Llach, investigador de la Universidad Di Tella, cree que quienes pronosticaban que la gente saldría masivamente a comprar dólares no se equivocaron desde lo conceptual sino en el timing.

“La Coca-Cola de litro y medio y el Big Mac de Argentina valen como en Brasil recién ahora. En un año, evidentemente su precio en pesos va a subir. Y ahí sí va a valer la pregunta de si el dólar va a acompañar, y cuánto”, analiza el economista.

Respecto de cuál será “el momento del clic”, plantea que ocurrirá cuando los incentivosque tiene el Gobierno para mantener la divisa planchada empiecen a cambiar.

“Eso comienza a ocurrir cuando la falta de competitividad y la expectativa de una devaluación se tornan fuerzas recesivas. O bien cuando los dólares del comercio no alcanzan para pagar los intereses, es decir, el país tiene un déficit de cuenta corriente y aún sin fuga de capitales hay pérdida de reservas”, analiza Llach que, de todas formas, cree que esto no ocurrirá en el corto plazo.

En tanto, Gustavo Lazzari, director de la Fundación Atlas y docente universitario, sostiene que, en realidad, todas las actitudes de los argentinos pueden interpretarse como una forma de escapar de la pérdida de valor del peso.

“Pero hay un límite, porque defender el ingreso con el consumo es algo que sólo se puede hacer la primera vez, no podés comprar dos veces el LCD. Y ahí es cuando se va a volver a mirar al dólar”, afirma.

Por otra parte, advierte que para aquellos que buscaron renta dolarizada en el plazo fijo, aumentará la sensación de riesgo: “El dólar a fin de año va a estar muy atrasado. Y entonces apostar a que la tasa de interés vaya a seguir por encima de la tasa de devaluación pasará a ser un deporte peligroso”.

En este sentido, también Miguel Kiguel, director de la consultora Econviews, advierte que el plan del Gobierno de transmitir calma en el contexto electoral, con tasas y dólar planchados,no tiene el éxito garantizado.

“El factor que puede alterar estos planes es la incertidumbre y su consecuente impacto en las expectativas de devaluación. Si aumenta el temor a una depreciación nominal del tipo de cambio, se reduce el atractivo de arbitrar con depósitos en pesos y futuros de dólar para obtener altos rendimientos en esta última divisa, y eso generaría una suba de las tasas en moneda local”, apunta el experto.

Un colchón con menos aire
Hay un indicador clave para saber cuánto tiempo más seguirá la sensación de estabilidad a nivel cambiario.

Es la cuenta corriente, que mide el saldo entre los dólares que entran y los que salen del país.

En términos más coloquiales, algunos lo denominan “el colchón”, y es visto como el amortiguador que puede evitar las “corridas” que caracterizaron a otros momentos de la Argentina.

“Es cierto que la economía está acumulando distorsiones, con precios que trepan más del 20% y un dólar que sube apenas un 4%”, remarca Dal Poggetto.

Sin embargo, destaca la analista, “en un contexto global en el que se ve al billete verde debilitado, la convergencia se produce de un modo lento”.

Y afirma que, “contra los malos pronósticos de hace algunos meses, el flujo de dólares sigue mostrando un superávit”.

En este momento el saldo de la balanza es positivo en unos u$s4.000 millones. Sin embargo, hay economistas que ya vienen advirtiendo que se reducirá drásticamente este año y, quizás,ya no queden rastros de ese saldo en 2012.

Son varios los que atribuyen la relativa calma del mercado cambiario a la vulnerabilidad que está viviendo la moneda estadounidense a nivel global.

Y que ésa es la diferencia clave y de fondo entre el momento actual y los de las crisis recientes que provocaron dolarizaciones masivas de los ahorros.

En ese sentido, Marengo observa que “con la situación internacional ayudando a las exportaciones argentinas, no se percibe un riesgo de inestabilidad en el corto plazo”.

Pero advierte que ello no significa que el futuro esté asegurado: “Las presiones pueden sobrevenir si llega a haber un cambio de escenario a nivel internacional o si hay incertidumbre a nivel político”.

En todo caso, lo que comienza a llamar la atención de los analistas es que, por debajo de la superficie que se presenta como calma, se está generando paulatinamente una brecha entre el dólar oficial y el “blue”, como se conoce en la jerga financiera al tipo de cambio del mercado paralelo.

“Ha registrado subas en las últimas semanas, en línea con una mayor presión de la AFIP sobre los pequeños inversores, con lo cual muchos ahorristas prefieren optar por comprar el dólar un poco más caro pero evitar el circuito formal. En el informal se ubica en $4,15. De esta manera el spread entre uno y otro asciende al 4,2%, su nivel más alto desde lo peor de la crisis, en octubre de 2008″, indica Kiguel.

Y éste no es un detalle menor. Según argumenta Cavallo, cuando retorne el interés del público por el dólar, es altamente probable que el Gobierno intente restringir las compras en el mercado cambiario, ante lo cual se recrearía uno paralelo de características similares al de los años ’80.

Cavallo arriesga incluso que la situación podría parecerse a la de Venezuela. Una comparación que inquieta, si se tiene en cuenta que en la nación bolivariana la cotización del billete verde informal duplica a la de la paridad oficial.

Un amor a toda prueba
La conclusión entonces, es que no hay que dejarse engañar por las apariencias.

El hecho de que tanto la cotización como el volumen del mercado cambiario muestren calmano significa que los argentinos se hayan persuadido “para siempre” de que “el que apuesta al dólar pierde”.

“La dolarización continúa, pero a otro ritmo. Es claro que no se prevé una fuga como en los peores momento de incertidumbre, como lo fuera el conflicto del Gobierno con el campo. Pero eso no significa que los argentinos dejen de guardar dólares en el colchón”, sostiene Marengo.

Y argumenta que mientras hace una década los depósitos bancarios equivalían a 26% del PBI, hoy esa relación cayó a 17%.

“Basta observar que, en un momento de fuerte ingreso de dólares, claramente el dinero no está yendo al sistema financiero. Los portafolios se dolarizan, pero se nota menosporque no se está financiando con las reservas del Banco Central”, afirma.

En la misma línea, Carlos Melconian califica al momento actual como el de “una fuga estructural, en un modelo que siempre subestimó la importancia del ahorro”.

En todo caso, hay un punto sobre el que no hay polémica: la imagen del dólar como un refugio de valor sigue tan vigente como siempre en el inconciente colectivo de los argentinos.

Lazzari afirma que el interés por el billete verde no sólo no se melló en absoluto sino que, además, no hace distingos generacionales.

“Tengo alumnos que no habían nacido en la época de la hiperinflación, y cuando les planteo, entre 100 dólares y 400 pesos, qué gastarían y qué se guardarían, todos dicen que utilizarían los pesos y se quedarían con los dólares. No lo dudan, está en su ADN”, relata.

Su visión es que, ante un deterioro del actual “viento de cola” que beneficia a la economía,la vuelta al dólar será rápida.

“Y eso no es necesariamente una mala noticia. Al contrario, es bueno que el Gobierno sepa que la gente no va a convalidar cualquier nivel de impuesto inflacionario. Peor sería un público sin reacción”, argumenta.