MODELOS ECONÓMICOS: ARGENTINA “VS” CHILE

Interesante artículo que  muestra las diferencia entre los modelos económicos, donde se puede ver dos ideologías totalmente diferntes dentro de un mismo continente.

Una economía altamente primarizada y con un acuerdo de libre comercio con los EE UU es la alternativa que propone Alfonsín.

El candidato de la UCR Ricardo Alfonsín adoptó ayer filosóficamente la agenda de la derecha que ya había abrazado de manera corpórea en su acuerdo con Francisco de Narváez. El radical anunció que los ejes de su eventual gobierno serían la guerra contra la inseguridad y el combate a la inflación. Prometió el regreso de la “austeridad”, aunque sin enfriar la economía, y postuló mirarse en el ejemplo del modelo chileno, herencia democrática de la dictadura de Augusto Pinochet.

Chile es hoy la niña mimada de los centros de poder y una referencia para la derecha argentina de lo que debería ser el programa económico y social. Con una política nula en materia de reparación de las violaciones de los Derechos Humanos y un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos.  
Ese acuerdo comenzó a regir en 2004 y sus defensores aseguran que, al reducir las barreras arancelarias, incrementa el comercio bilateral. Sin embargo, sus detractores advierten que el tratado condena a la dependencia chilena de los productos estadounidenses de tecnología, atrofia la industria y primariza la economía trasandina obligándola a centrar sus exportaciones en las materias primas. 

Precisamente esos fueron los argumentos en los que coincidieron Néstor Kirchner, Luiz Inácio Lula da Silva y Hugo Chávez cuando en la cumbre de Mar del Plata bloquearon el ALCA que impulsaba George W. Bush, a la sazón firmante del tratado de libre comercio con Chile.
No en vano Barack Obama eligió a Chile como destino de su última gira sudamericana, junto a Colombia, el otro país de referencia y “aliado” militar de Washington.
Con esa perspectiva, los representantes del poder económico ponen a Chile como la meta a seguir. A contrapelo de la política de expansión del gasto público, regulación de los mercados, impulso del mercado interno y defensa de la industria nacional, Chile se presenta como una economía desregulada y abierta al mundo, pero con crecimientos acotados y una participación importante de los capitales especulativos (Grave problema).

La Concertación de Partidos por la Democracia gobernó durante 20 años Chile, desde 1990 hasta la asunción el año pasado del derechista Sebastián Piñera. Sin embargo, en esas dos décadas fue incapaz de romper con la estructura social de desigualdad que supo construir a sangre y fuego Pinochet, y mantuvo algunas de las vacas sagradas del neoliberalismo, como el sistema de jubilaciones privadas.
Precisamente, uno de los principales opositores a la estatización del sistema de jubilaciones en la Argentina  fue el hoy candidato a vicepresidente de Ricardo Alfonsín, Javier González Fraga.

El postulante radical propuso un modelo de baja inflación, sin sacrificar el crecimiento, similar al que Juan Vital Sourrouille prometió con escaso éxito durante el gobierno de su padre, aunque no aclaró si ese esquema preveía también una fuerte devaluación del tipo de cambio. Se hizo cargo del pasado del radicalismo y sostuvo que su partido sabe cómo lidiar con procesos hiperinflacionarios, precisamente en referencia a la crisis que sacó a Raúl Alfonsín de manera anticipada de la Casa Rosada. “Nadie como nosotros sabe las consecuencias de la inflación”, se lamentó.
Además, Ricardo rechazó la teoría del enfriamiento como combate a la inflación, pero inmediatamente después incurrió en una contradicción, al aseverar que “vuelve la austeridad a la Argentina”. La austeridad es uno de los ejes discursivos centrales del neoliberalismo, que propone acotar siempre el gasto público con el objetivo de achicar la estructura del Estado y reducir la presión impositiva.
Habitualmente, cuando un candidato a presidente muestra a otro país como modelo a seguir, elige uno que esté en mejor situación que el propio. Sin embargo, las economías de Chile y la Argentina no son comparables en tamaño ni en estructura productiva. Chile centra su aparato productivo en la minería, no tiene industria pesada y no hay terminales autromotrices radicadas en su territorio.  Tampoco lo son en sus indicadores. Según datos de la CEPAL, entre 2003 y 2009 la economía chilena creció un 26,9%, mientras que la argentina exhibió una expansión del 51,9%. El año pasado esa brecha se amplió un poco más.
Todos los indicadores sociales que utiliza la CEPAL muestran a la Argentina mejor ubicada que Chile, desde el coeficiente Ghini, que mide la brecha entre ricos y pobres, pasando por el desempleo, hasta la inversión en educación, que en Chile se ubica en cuatro puntos del producto bruto y en la Argentina superó los seis puntos fijados por ley. 
Combate a la inseguridad, “austeridad” en el gasto público y aplicación del “modelo” chileno son las propuestas que Alfonsín ya verbalizó, y que se suman a su iniciativa de corregir la Ley de Medios de la Democracia. Todavía faltan definiciones sobre el tipo de cambio y las retenciones a las exportaciones, pero con las cartas que mostró ya alcanza para saber cuál es el juego que quiere jugar.

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